lunes, 31 de agosto de 2015

Veracruz, tierra de buenos priístas

Miguel Ángel Gómez Polanco


“Mantener una disciplina de sostén al orden legal, mediante la
unificación de los elementos revolucionarios del país”
Base Estatutaria; Partido Nacional Revolucionario - 1929


La Revolución Mexicana, sin duda, marcó un antes y un después en la historia de México. Eso cualquiera lo sabe; incluso, pese a haberse desarrollado bajo la ausencia de verdaderos liderazgos (Zapata y Villa eran íconos de poder distribuido, más no líderes propiamente).
            Sin embargo, la etapa posrevolucionaria fue la que verdaderamente desencadenó los cambios más drásticos en nuestro país, cuando nació el presidencialismo, la Iglesia se sublevó, no para ganar, sino para ubicarse por sí misma en el estatus que le correspondía dentro de un país insurgente y cada día más plural, así como por la creación del Partido que ejerció las acciones de aglomeración revolucionaria (o unificación, como ellos le llamaban) más “ocurrente” pero efectiva de la que se tenga registro: el Partido Revolucionario Institucional.
            Y es que justamente posterior al asesinato de Álvaro Obregón, comenzó el asunto que aquí se expone y que mediante algunas comparaciones, dará sentido al título al panfleto. Ya verá por qué.
            Resulta que hubo un individuo, nombrado “el máximo revolucionario” (de ahí lo del “Maximato” y, bueno, ya sabe usted el resto) que tuvo una trascendental “idea”, allá por el fatídico período de crisis económica mundial de 1929.
            Plutarco Elías Calles, a quien atribuían ser partícipe del gobierno dual durante el primer ciclo de Álvaro Obregón como presidente de México (y al final, el único); luego del fatal acontecimiento en el restaurante Las Bombillas, donde resultó ultimado, inició una etapa de reagrupamiento, con la finalidad de institucionalizar las expresiones revolucionarias y mantener el orden social; algo que en apariencia era un buen planteamiento… aunque probablemente Calles nunca imaginó lo que sucedería durante más de 70 años después.
            Es decir: el padre del priísmo, decidió cerrar filas –voluntariamente y a fuerzas- para evitar la alteración del país en tiempos de reestructuración.
            Y ahí le va la primera: Veracruz, gobernado por el PRI y particularmente en el presente sexenio, decidió someter a la ciudadanía contra su propio escarnio: a los mal educados viales, los aplacó con un reglamento que castiga, más que a las malas conductas vehiculares, a los bolsillos de quienes habitan un estado en crisis (igual que en aquel México del “Maximato”).
Incluso, el oriundo de Córdoba y Veracruz (así de picudo es) burocratizó al sector considerado hasta ahora, el único insurgente: el periodismo, con la conformación de una “Comisión” cuya finalidad no es otra que definir la diferencia entre una publicación o acción legítima y propia de la libertad de expresión, y otra que no cubra las “expectativas” o lineamientos gubernamentales para otorgársela, siendo descalificada de inmediato.
Ahora bien, el PRI es el principal autor de las operaciones de reclusión social más célebres conocidas y cimentadas en acontecimientos muy curiosos.
Ejemplo de lo anterior fueron: el inicio de la formal demagogia con el juramento del mismo Plutarco en la tumba de Zapata, prometiéndole “seguir con el programa y la libertad agraria”; Gustavo Díaz y el 68; Fernando Gutiérrez Barrios y su “Guerra Sucia” y Miguel de la Madrid con el exterminio de la Red Privada del periodista Manuel Buendía.
De regreso a Veracruz, hubo un omnipresente gobernante que así como de momento estaba comprando un boleto de lotería, de pronto aparecía descalzo, entre inundaciones y abrazando a las víctimas de los desastres naturales que azotaban a la entidad, o inaugurando puentes (de los que hoy se desconoce su paradero).
Por otra parte está el otro que, no obstante su frágil temperamento e inexperiencia para gobernar; al puro estilo de los “grandes” como Gustavo, Fernando y Miguel, decidió “controlar” a la sociedad instándola a “textear responsablemente” en sus redes sociales (principal medio de comunicación contemporáneo a nivel mundial), con el argumento de que “la seguridad es un tema de todos” y porque resulta imposible “poner un policía a cada ciudadano”, así que lo mejor es no andar en malos pasos, por aquello de que “caigan las manzanas podridas”.
O sea, en pocas palabras, que “calladitos nos vemos más bonitos”… no sea que se sigan engordando (y no, no es chiste pesado) las cifras de desapariciones forzadas -rubro en el que conservamos la cuarta parte del total de éstas en el país- así como la de muertes de periodistas, adquisición de deuda y la del honroso cuarto lugar en índices de pobreza a nivel nacional.


SUI GENERIS

Dicho lo anterior y agradeciendo la consideración por únicamente referirme al pasado inmediato y presente de nuestra rica entidad (por razones que está de más mencionar), pregunto a usted: tomando como referencia los inicios del priísmo, en cuyas bases se funda la actualidad reconocible de nuestro país ¿ah poco no cree Veracruz es una verdadera tierra de buenos y verdaderos priístas, de ésos que “saben” como mantener el orden?



POST-IT: Tan mal anda la administración de recursos en Veracruz (en todos los órdenes) que la Rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, "se vio en la necesidad" de solicitar a la Federación que sus recursos sean directamente depositados en las arcas universitarias, porque acá en el estado quién sabe para dónde se van los dineros con esta etiqueta. Lo malo: le intentó "sobar" el fregadazo al gobierno estatal, resaltando el presupuesto que recibe de su parte... aunque como dice la canción "ya es muy tarde, el daño está hecho". Esa Sarita es una loquilla, sin duda.




Twitter: @MA_GomezPolanco

lunes, 10 de agosto de 2015

Fidel Castro: profeta que México anhelaría tener

Conmemorando a Fidel Castro Ruz,
nacido 13 de agosto de 1926

Corría el año de 1973. La Guerra Fría continuaba su sinuoso proceder en el mundo entero, con países involucrados de manera casi desprotegida pero activa, mientras en algunos como México, transcurría otro tipo de conflictos que, distinguidos por la secrecía y elegante represión, algunas esferas del poder y prensa “seleccionada” conocieron como “Guerra Sucia”.
            La “Guerra Sucia” mexicana consistía en la realización de acciones por bloque, para la contención de movimientos insurgentes en el país, teniendo al Gobierno Federal a cargo de Luis Echeverría Álvarez como su principal promotor, aunque el verdadero gestor de las estrategias fue el conocido –y temido- Capitán Fernando Gutiérrez Barrios, principalmente durante su estancia en la Dirección Federal de Seguridad, hasta 1970 (oficialmente).
            Dicha contrainsurgencia tenía como finalidad principal “mantener el orden” en tiempos de agitación mundial, buscando garantizar condiciones para que nuestro país fungiera como un mediador conveniente en medio de la trifulca silenciosa de la Guerra Fría.
            Lo malo es que esta serie de acciones, también sumaron, como dicen por ahí: “otra raya más al tigre” del partido hegemónico –y “democráticamente” único- que durante más de 70 años gobernó México y que en la actualidad, ostenta el regreso más fatídico del que se tenga memoria histórica.
            No obstante, estimada y estimado lector, lo destacable del presente panfleto, definitivamente no es aquel acontecimiento anti-guerrilla que distinguió a nuestra nación –y sigue distinguiendo, infortunadamente, por ejemplo, mediante la censura y el asesinato de la verdad por todos conocido-.
Pero lo verdaderamente curioso es lo que aquellos acontecimientos hicieron derivar en ciertas relaciones diplomáticas que hoy ocupan un sesgo trascendental en la atención sociopolítica del planeta, como el estatus de la isla caribeña, Cuba en nuestros días. Ahí le va el por qué.
            Resulta que tras la Revolución Cubana que acabó con el régimen de Fulgencio Batista en 1959, los próceres de la independencia cubana –salvo José Martí, de quien sus ideales modernistas fueron gradualmente convertidos en una amalgama militar de la Revolución liderada por Ernesto Guevara y Fidel Castro-, resultó muy necesario para los caribeños establecer relaciones que contribuyeran con el sostenimiento de la Isla, en su período de reestructuración independiente.
            Una de estas convenientes relaciones fue precisamente con México, pues ante la coyuntura represiva impulsada por el gobierno del país, la representación revolucionaria de Cuba resultaba “incómoda” para un posible surgimiento insurgente en la Nación mexicana, y que justamente se estaba intentando contener a través del exterminio de los “emuladores” cubanos y de izquierda.
            ¿La condición?: México apoyaría a Cuba, siempre y cuando la Isla se mantuviera al margen de las acciones emprendidas en nuestro país, con el objeto de evitar inspiraciones como las de Bolivia, Chile, Colombia y Paraguay, principalmente, que complicaran el mencionado exterminio y sin importar que en 1956, el mismísimo “Che” y los hermanos Castro, hubieran sido apresados en México durante la planeación inicial de la Revolución Cubana.
A cambio, México apoyaría la permanencia de Cuba en la OEA y enviaría comida y medicinas a la Isla, para “soportar” los remanentes de la Guerra Fría.
Es decir: la incongruencia y la doble moral en el modus operandi del partido “tricolor”, desde hace décadas, prevalece; por un lado reprimiendo insurgencias en territorio propio y por otro, apoyando países históricamente insurgentes.
Y es aquí donde encuentra su título la presente “Vía Crítica”, pues resulta que personajes con notable habilidad progresista como Fidel Casto; quien en todo momento sobrepuso los intereses de su país, aun cuando el potencial revolucionario en México pudo significar la extensión de su presencia en América Latina; evitó el hecho y, además, se dio el lujo incluso de “predecir” lo que pasaría con la Isla posteriormente, de acuerdo con los cálculos diplomáticos que desde la década de los setenta, vivió como precursor de la independencia cubana.
"Estados Unidos dialogará con nosotros (Cuba) cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un papa latinoamericano", respondió Castro en 1973 al periodista ingles Bryan Davis, cuando éste preguntó sobre la posibilidad de reestablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; esto, de acuerdo con un texto recientemente publicado por el escritor y periodista argentino Pedro Jorge Solans, cuya versión no ha sido desmentida oficialmente por el propio Castro ni el Gobierno de Cuba, aunque también existan las versiones de que se trataba de una “broma”.
Independientemente de la veracidad, lo anterior habría ocurrido –según Solons- durante los tiempos de mayor tensión para los caribeños… y cuando en México estábamos igual que ahora: con pronósticos que, más bien, se han vuelto insufribles monotonías que dan sentido a un retroceso en todos los aspectos.
Y es que ¿quién se atrevería a “profetizar” acá, como Fidel, en una tierra donde la represión  ha aumentado las cifras de desapariciones, muertes, inestabilidad económica y falta de oportunidades, en todos los rubros?
¿Quién podría “predecir” un avance en el país donde contamos con múltiples “Mesías”, principados demagógicos y deseperanza social, reflejada en “revoluciones de escritorio” auspiciadas por las redes sociales: tan efectivas como simuladoras en los ánimos de cambio?
Y es que, aunque el efecto de apertura cubano se podría atribuir a la “condescendencia” política de Estados Unidos, la realidad es que el estratega llamado Fidel supo qué pasaría, por qué y cuándo, sin importar el tiempo que se llevaría para obtenerlo.
Y en México, estimada y estimado lector ¿quién se atreve a por lo menos suponer cuál es la vía de escape a la cada vez más degradada situación que vivimos como Nación?

Que la “paciencia cubana” nos sirva de consuelo, mientras aseguramos que en México, definitivamente –y hasta de broma- nos encantaría tener un profeta como Fidel Castro Ruz: festejado del mes, con 89 años cumplidos este 13 de agosto.



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martes, 4 de agosto de 2015

Para mí que no fue el Estado

“Pórtense bien. Háganlo por ustedes pero
también por mí, porque si algo les pasa a
ustedes al que crucifican es a mí”

Casi siempre lo encontraba a la hora de la comida, después de las dos de la tarde. No éramos precisamente amigos, pero sí “vecinos”, pues vivía cerca de donde trabajo; muy cerca, diría yo. Nuestro saludo era siempre cordial. Sabíamos quiénes éramos. “Kiovo carnal”, le dije la última vez; “¿qué onda, Miguel?”, me respondió y nos despedimos en ese mismo instante.
Era de esas personas por las que sientes admiración profesional, sobre todo por su valentía, y esto hacía que existiese una relación con él. Además, su trato hablaba de la calidad de persona que era: siempre atento, siempre amable.
            Yo había dejado de  ejercer el periodismo. El miedo me absorbió y después de un par de acontecimientos en los que me sentí censurado, decidí parar. Me dediqué a otras cosas menos “comprometidas”, pues ya eran varios los “enemigos” que me había hecho en el sistema. Tenía y tengo miedo.
Pero él siguió; me dio cátedra de templanza, arrojo y profesionalismo; a mí y a otros colegas más, que habían tomado la misma determinación que yo, de dejar lo que más nos apasionaba, por seguridad.
            Pero en Rubén, el peligro escaló. No eran pocas las personas que hablaban del riesgo que corría y él lo sabía, sin que contará con garantías de protección, por lo que decidió huir, resguardarse en su lugar de nacimiento, el Distrito Federal.
            Pero ¿lo que le sucedió a Rubén, fue obra del Estado, como se acostumbra decir? Yo no lo creo. Verá usted por qué:
            De acuerdo con nuestra Carta Magna del país (Artículo  1ero), “todas las personas gozaran de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse”.          
            En este sentido, me pregunto: de los 28 tratados internacionales en materia de derechos humanos que han sido signados por México ¿mediante cuál se supone que la autoridad mexicana “protegió” al fotoperiodista, tal cual lo marca la Constitución?
Y es que en este extenso “menú” de supuestas garantías, están, por ejemplo, declaraciones que abarcan los tópicos de  protección en casos de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; protección contra las desapariciones forzadas, así como sobre los principios fundamentales sobre la contribución de los medios de comunicación de masas para fortalecimiento de la paz y la comprensión internacional.
Pero ninguno, al parecer, fue respetado y/u honrado no sólo en el caso de Rubén,  sino en el de otros 103 periodistas asesinados desde el año 2000 en México, 22 desaparecidos y los 42 ataques a instalaciones de medios de comunicación contabilizados de 2006 a la fecha.
¿Ya notaron por qué no fue el Estado? Si todavía no, ahí le van más pruebas: existen dos tratados firmados por México, que particularmente llaman la atención: el Código de conducta para Funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley (Diciembre 1979) y la Declaración sobre los principios fundamentales de Justicia para las Víctimas de delitos y del abuso de poder (Noviembre 1985).
Y agárrese: en el primer documento, el Artículo 2 versa lo siguiente: “En el desempeño de sus tareas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley respetarán y protegerán la dignidad humana y mantendrán y defenderán los derechos humanos de todas las personas”.
Asimismo, el inciso “B” del segundo texto, comienza recitando: “Se entenderá como ‘víctima’ a la persona que, individual o colectivamente, haya sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones y omisiones que no lleguen a constituir violaciones del derecho penal nacional pero violen la norma internacionalmente reconocida relativa a los Derechos Humanos”.
¿Y todavía cree usted que fue el Estado? Yo digo que no, porque como ya lo expliqué, constitucionalmente el Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad y el bienestar ciudadano de todas y todos los mexicanos; evitar el abuso de poder, proteger y brindar ayuda a quien la requiera, ahí sí, periodista o no. Y con Rubén y Nadia, principalmente y no obstante los antecedentes que tenían, no lo hizo.
Y es que ¿cómo va a ser el Estado, si ni a sí mismo se puede cuidar? Es más: ¡hasta pide a los propios periodistas que "le echen la mano"!

No, estimada y estimado lector. El Estado no fue, pues si hubiera sido, habría hecho su trabajo: proteger… y no lo hizo.

POST-IT: De pésimo gusto y completamente carente de respeto los "posicionamientos" de varios partidos de oposición, respecto a la muerte de Rubén Espinosa. Por favor, instituciones políticas: dejen de utilizar el hecho como bandera de ataque electoral y demuestren tantito corazón, siquiera por humanismo.



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jueves, 9 de abril de 2015

El Efecto Forer de la política

Miguel Ángel Gómez Polanco


Antes de desarrollar el meollo de la presente “calumnia” editorial, repasemos los números que darán sentido a la macabra realidad que aquí será expuesta.
            El proceso electoral federal ha comenzado. Las campañas están en marcha y, con una Reforma Político-Electoral operando; el escenario político en México se ha tornado más complejo, aunque al mismo tiempo estima una mayor participación en todos los sentidos.
            Fíjese: este año contenderán cuatro mil 496 candidatos a diputados federales; dos mil 694 por la vía del principio de mayoría relativa y mil 852 por la vía “pluri”. De éstos, 22 serán independientes, para quienes el Instituto Nacional Electoral dispuso un fondo de 23 millones 457 mil pesos a gastar en sus respectivas campañas; es decir: de a millón 66 mil pesos por “aventado”.
Esta última cifra, cabe destacar, competirá con el millón 260,238 pesos que tienen como tope de gastos autorizado los partidos instituidos y conocidos.
¡Ah! Pero la “independencia” y actividad ciudadana como parte del quehacer comicial, también dio entrada a otros importantes contendientes no reconocidos, como es Televisa.
¿No me cree? Pues ahí le va: mientras que 21 aspirantes independientes quedaron fuera por no reunir los requisitos (la mayoría por firmas y cotejo apócrifo de credenciales para votar); la televisora de San Ángel tendrá un papel, digamos, “curioso” en estas elecciones, en lo que pareciera ser el “cobro” por los perjuicios que recibió tras la declaratoria de preponderancia que le acomodó el Instituto Federal de Telecomunicaciones, como parte de la Reforma en la materia. De esta manera, quizás suene conspiratorio y digno de un libro de Dan Brown, pero en este momento Televisa parece tener candidatas y candidatos ligados intrínsecamente con la empresa.
Todo lo anterior, sin menoscabar las legislaciones estatales de la Reforma Político-Electoral, donde se dieron sorpresivas aprobaciones para gubernaturas por dos años y reelección legislativa, como en el caso específico de Veracruz, nuestra entidad.
Ahora bien: una vez aterrizado este panorama, usted dirá: ¿y qué carajos tiene que ver el título de este panfleto con ello?
Le cuento: la connotación “ciudadana” que ha adquirido el entorno electoral de nuestro país, luego de la reforma mencionada y a través del cada vez mayor involucramiento de la sociedad como instrumento en el flujo de la información; ha aumentado exponencialmente. No obstante, con ello también creció la oportunidad de la ciudadanía para pensar que lo que ellas y ellos dicen, es más cierto que lo que dicen las y los candidatos, incluso.
¿A qué se debe esto? Precisamente a la intervención de las tecnologías de la información y su uso en ocasiones poco adecuado para lo que su definición misma sugiere; es decir: para informar.
Hoy en día, la proliferación de medios de comunicación más comprometidos con el entretenimiento que con la información, así como la puesta en boga de elementos como los “memes”, han estropeado en gran medida la conciencia real de un país que apenas despierta a la globalidad informativa y que, para colmo, lee muy poco y que por ende, tampoco sabe hacerlo, propiamente dicho.
Y es que con “no saber leer” refiero no solo a la habilidad para comprender una oración, sino también al hecho de cerciorarse de la fuente que le está dotando de la información y cuestionar el por qué de ésta, indagando más al respecto o ya de perdido, siquiera viendo la fecha de su publicación para asegurarse de que lo que comparte en sus redes sociales, es algo actualizado. De verdad pasa, en serio.
Lo malo es que, créame: ese no es realmente el problema. ¡Ah jijos! ¿Sabe cuál es? ¡Pues que hacemos nuestra esa falsa información y la defendemos como si se tratara de las piedras angulares de los intereses nacionales!


SUI GENERIS

Pero tranquilos, amigas y amigos lectores. Esto tiene una explicación científica (aunque no estaría demás considerarla y tener un poco más de cuidado a la hora de decir que la publicación o lo que dice nuestro amigo de Morena, el “mainstream” o el “revolucionario”, es lo correcto).
El Efecto Forer es, según su propio “descubridor”, el sicólogo norteamericano Bertram R. Forer: “la tendencia a aceptar una descripción de la personalidad como propia y muy precisa cuando en realidad podría aplicarse a muchas personas”.
En este sentido, el ejemplo más claro de cómo cualquiera es susceptible de caer en el Efecto Forer -y para que lo entendamos mejor- tomemos el caso de cuando leemos nuestro “horóscopo”. Sabrá Dios quién lo escribió y si corresponde realmente a nuestro signo y fecha de consulta, pero la conducta que asumimos tras hacerlo, es del “quizás me pase”, generando automáticamente una predisposición a que suceda lo que ese cachito de texto nos dice sobre “nosotros”.
Entonces, aplicado esto a la polaca: ¿cómo deberíamos tenerlo en cuenta para no caer en él? Desde la humilde perspectiva de quien suscribe autor de este “chorizo grillero” denominado Vía Crítica, hay dos formas de evitarlo:

  1. No fomente la partidocracia defendiendo a capa y espada lo que de antemano sabe que está mal. Ningún partido y/o candidato le dará de comer lo suficiente y menos los lujos a los que aspira, si no es trabajando y conociendo más de lo que una temporada electoral le ofrece. O sea: no porque lo diga su “gallo” o “gallina”, es necesariamente la verdad. Evite convencer sobre falacias, si no está seguro de que no lo sean, porque todavía hay quien se la traga todita y no se vale abusar.
  2. Las y los candidatos ciudadanos, no dejan de ser eso: ciudadanos. Tampoco tienen la razón en todo, pues velan por intereses parciales, desde el momento de competir por un distrito y no para la presidencia del país. Lo que digan éstos, es en factor de las necesidades de su demarcación, y si se atreven a decir algo que no vaya acorde con el territorio que les corresponde, entonces cuidado: está usted, no ante un aspirante a la diputación federal, sino de un suspirante a potencial chapulín de los que no terminan algo y ya andan metidos en otra cosa, “porque le saben a todo y pueden”, y ahí valió el perfil ciudadano.

Finalmente, agregaríamos una suerte de tercera recomendación para evitar caer en el Efecto Forer de la política, la cual radica en intentar -en medida de lo posible- no “endiosar” a las fuentes de información ni a sus proveedores (incluyendo a doña Carmen Aristegui y hasta al elocuente Ciro Gómez Leyva), solo porque se trata –en apariencia- de “transgresores de la corrupción y hasta de la democracia misma.
Lea, infórmese, esté al tiro, pues, pero también investíguele bien qué es lo que está compartiendo, pues detrás de toda la parafernalia informativa, siempre estará algo más importante: su identidad como parte de una sociedad harta, pero pensante, a la que ya le han visto suficiente la cara  como para seguir en lo mismo, con todo y reforma político-electoral. ¿De acuerdo? Está bueno.

POST-IT: Abusado don Fidel Kuri Grajales. El Tiburón –de su propiedad- va rebien en la Liga MX, pero eso no significa que pueda utilizarlo para su campaña en Orizaba. ¿O qué no ha leído la Constitución? El Artículo 33, Capítulo III de nuestra Carta Magna dice claramente: Los extranjeros no podrán de ninguna manera, inmiscuirse en los asuntos políticos del país… y pues, no sé si ya lo sabía, don Fidel, pero Julio Furch (argentino), Fernando Meneses (chileno), Juan Ángel Albín (uruguayo) y Daniel Villalba (argentino) desfilaron el pasado domingo en el distrito por el que usted contiende, cuando inició el aquelarre electoral. Aguas, pues. Yo nomás digo.



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lunes, 6 de abril de 2015

Cuidado con los agentes del caos electoral

Miguel Ángel Gómez Polanco

Llegó la hora cuchi-cuchi, como dijera Beto “El Boticario”. Aquella época en la que el significado de “guerra” se convierte en la más espectacular y versátil herramienta de persuasión. Esa temporada en la que sales a orear tus ideas en alguna plaza pública, pero regresas a tu hogar como “turista electoral”, con propaganda política hasta en los calzones.  Así es: iniciaron las insufribles campañas.
            Atrás quedaron los Morris, los 132 y los peligros para México. Si acaso, permanece en la confundida molestia colectiva aquello que con abolengo han llamado “el caso Aristegui”, lo cual no es más que un acontecimiento diseñado para “alborotar el gallinero” (y que ha logrado con éxito, por cierto).
No obstante, la más reciente reforma en materia político-electoral está en marcha, y con ella, la ciudadanización de la democracia está más cerca (o por lo menos eso se espera).
            Pero a pesar de esto -y para nuestra desgracia- lo que prevalece es el desconocimiento y el desinterés en algunos de los temas de la agenda nacional que, en estos momentos, juegan un papel determinante para alcanzar aterrizar la conciencia de voto que tanto le urge al país.
            En este contexto, uno de los factores más afectados es el ejercicio mismo del voto. ¿Votar o no votar? Es la pregunta que una cantidad considerable de connacionales se preguntan; con miedo y hasta con dejos de mala leche en quienes más o menos saben lo que significa la duda por sí sola.
            Como ejemplo de lo anterior, está una información que a menos de 24 horas de iniciadas las campañas electorales, ha comenzado a regarse como pólvora, con la evidente finalidad de agravar la irresponsabilidad cívica de las votaciones.
            Varios medios de comunicación han circulado una tormentosa noticia: si no votas o promueves el abstencionismo, te irás al bote o mínimo tendrás que pagar una multa por ello, de acuerdo –según ellos- en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales.
            Ahora bien y como siempre: el presente panfleto, en su incesable búsqueda de representar un elemento útil y menos alarmista de y para la información; expone lo siguiente para su consideración y en relación a dicha “noticia” que ya le ha provocado varios sustos a la sociedad.
            El Artículo 7 del Capítulo II de la Ley General en Materia de Delitos Electorales (vigente al 26 de marzo de 2015), dice:

Se impondrán de cincuenta a cien días multa y prisión de seis meses a tres años, a quien:


III. Haga proselitismo o presione objetivamente a los electores el día de la jornada electoral en el interior de las casillas o en el lugar en que se encuentren formados los votantes, con el fin de orientar el sentido de su voto o para que se abstenga de emitirlo

Asimismo, el numeral VII del mismo Artículo, especifica:

(A quien) solicite votos por paga, promesa de dinero u otra contraprestacion, o bien mediante violencia o amenaza, presione a otro a asistir a eventos proselitistas, o a votar o abstenerse de votar por un candidato, partido político o coalición, durante la campaña electoral, el día de la jornada electoral o en los tres días previos a la misma.


De igual forma, se sancionará a quien amenace con suspender los beneficios de programas sociales, ya sea por no participar en eventos proselitistas, o bien, para la emisión del sufragio en favor de un candidato, partido político o coalición; o a la abstención del ejercicio del derecho de voto o al compromiso de no votar a favor de un candidato, partido político o coalición.

Como se puede apreciar, el documento precisa (y por si las dudas, en esta ocasión quien suscribe lo ha subrayado para que no queden dudas), que las sanciones –ya sea cárcel o multa- se aplicarán a quien coaccione el voto o la anulación de éste el día de la jornada electoral o tres días antes, no antes y menos, después, mientras que en el apartado de los programas sociales, la negación de éstos utilizando la abstención del voto o el sufragio a favor de algún candidato o partido político, queda reservado para el desarrollo de las campañas o el día de la jornada, pero solo tratándose de coacción.
            ¿Qué refiere lo anterior? Ahí le va, para que ya le baje a los bolillos para el susto: la libertad de expresión no se coarta con  la nueva Ley Electoral, pues únicamente el condicionamiento de medios públicos (como los programas sociales) son motivos de sanción, lo cual queda –además- especificado en los artículos subsecuentes (8, 9, 11 y 20) donde se acentúa que durante la fase de campañas, únicamente los servidores públicos o funcionarios electorales que coaccionen el voto o la abstención, serán castigados.
            La reflexión, sin embargo, es: ¿en realidad es conveniente no votar? ¿Esto, independientemente de que haya personajes tan representativos como Javier Sicilia que promuevan la anulación del voto?
            Si se lo dejamos a la matemática básica, la explicación sería más o menos la siguiente: si tenemos seis votantes, de los cuales tres sufragan por un mismo partido y dos por otro, queda uno que sería el decisivo. Si éste es anulado ¿quién gana, entonces?
Por tanto, echémosle tantito coco si es que de verdad “estamos hartos”, sugiero. 
Si no, quizás al igual que quien difunde información falsa (sobre todo por internet) como la de las sanciones por promover la abstención; nos convertiremos en simples agentes del caos electoral que terminarán igual de empinados que quien sí votó ¿o no?
           


SUI GENERIS

Hay que tomarle la palabra al presidente Peña. Dice que en México, 47.4 millones de personas tienen acceso a internet. Es decir: que durante su gestión, el porcentaje de internautas ha aumentado de 21 a 40 por ciento la cantidad de usuarios (y vaya que debemos agradecerle el hecho, pues sus “chistes” no es tan fácil encontrarlos en los medios de comunicación tradicionales).
            Pero ¡cuidado! Porque la internet tampoco garantiza veracidad en lo que se ve y menos aún asegura que habrá de esa prostituida “objetividad” que por inercia buscamos en los contenidos que circulan en la también conocida como “supercarretera de la información”. Eso ya lo deberíamos saber.
            Y es que aterrizando lo anterior en nuestra entidad, Veracruz está, junto con Zacatecas, Chihuahua, Michoacán y Nayarit, en el Grupo II de mayor incidencia en abstención, según el Instituto Nacional Electoral, por lo que es de esperarse que, dada la coyuntura socio-política del país, estas elecciones representen el momento ideal para la confusión por parte de los actores políticos y mediáticos que tienen como especial interés desestabilizar los comicios a través de información tergiversada a través internet; recurso que ha aumentado exponencialmente su presencia en la decisión de voto de las y los mexicanos, precisamente por la apertura por la que pasa su acceso.


POST-IT: Y a todo esto ¿qué de malo tiene si en un futuro no lejano se institucionaliza el voto obligatorio en México? Quizás representaría un acicate necesario para indagar más por quién estamos votando y no hacerlo a lo bruto (como bruto es no votar, también para después quejarse de que ganó “el o la peor”… sin que nosotros hiciéramos algo para evitarlo). ¿Qué no todo México quiere un presidente como el ex de Uruguay, José “Pepe” Mujica? (o por lo menos eso se dice en las redes sociales). Bueno, pues allá en el país sudamericano es constitucionalmente obligatorio el voto y el porcentaje de participación electoral en las últimas cuatro elecciones no ha variado en más del dos por ciento, en comparación con el siete por ciento oscilante de México ¡plop!



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lunes, 16 de marzo de 2015

Una heroína llamada Carmen

(o “cómo cerrar ciclos sin perder credibilidad en el intento”)

Miguel Ángel Gómez Polanco

Sin tanto aspaviento, haré que este panfleto resulte dinámico de la siguiente manera: imagine que usted tiene una empresa de lo que sea; un medio de comunicación, tienda de pinturas, fritangas o un lavado de autos. Un buen día, llega uno de sus empleados y toma su producto o servicio sin su consentimiento y promociona otro en el que también participa, sin que usted reciba un beneficio por ello, más que la “inclusión” de su nombre.
            Nada “grave”, pero sí gacho y suficiente para argumentar el despido de su trabajador, si así lo considera pertinente usted ¿no?
Saltarse la jerarquía –por un mínimo de respeto a la mano que te da de comer- no está bien. Eso fue lo que sucedió con Carmen Aristegui: utilizó la marca MVS para hacerla parte de la plataforma Mexicoleaks. El resto, ya se lo saben; la “corrieron” (entre comillas, porque el término correcto fue una rescisión de contrato debido al incumplimiento de las políticas laborales), se hizo un relajo y ahora la mayoría de un pueblo hastiado ve la acción como censura, atropello y disección de la libertad de expresión.
            No obstante, el detonante del conflicto fue el despido de Daniel Lizárraga e Irving Huerta: reporteros del equipo de Aristegui, quienes para infortunio de la familia Vargas –propietarios de MVS- habían sido los autores de la investigación que ventiló el bochornoso episodio de la mundialmente conocida “Casa Blanca de la Gaviota”.
Y sí: es infortunado que sean ellos los corridos, pues ante ello, de inmediato se desataron las especulaciones sobre el motivo de esta decisión y la “mala cabeza” de la audiencia comenzó a trabajar y buscar culpables, teniendo como principal sospechoso (para no variar) a aquel que habita en Los Pinos.
Pero le sugiero verlo de este modo: el concepto de "censura" puede equipararse con ello, sí, pero eso es "problema" de cada medio de comunicación, así como las políticas laborales y de organización en general, ante las cuales, el personal se debe cuadrar porque de ahí comen. Las líneas editoriales en los medios son responsabilidad, propiedad y decisión de éstos y a varios que nos dedicamos a este noble pero a veces ingrato oficio, nos ha pasado e incluso por decisión propia. El que les escribe, por ejemplo, está desempleado por no comulgar con las políticas editoriales y laborales de los medios donde he laborado, pero todo en santa paz.
En este contexto, pregunto: ¿la intención es “decir todo”? Recomiendo, pues, que no se lo dejen a las y los Aristegui, Ramos, Ferriz, ni a los periodistas en general y mejor optemos por ciudadanizar la información. ¿Cómo? Bueno, una manera de empezar es sacando un medio propio, cimentar reglas propias y entonces sí: publicar lo que quieran. No hacen falta "Mesías" político-periodísticos, ni ver a las redes sociales como la "super arma". Lo que urge es tolerancia, comprensión y unidad ciudadana.
El asunto es que Aristegui se confrontó y la dominó su ego; se rebajó a los intereses mezquinos de MVS para mantener los privilegios como medio sesgado, aunque me queda la duda si ella lo hizo consciente o inconscientemente. De lo que sí estoy seguro es que fue obvio que se dio cuenta de su error, ya que después quiso componerla dando a entender que un conflicto laboral  tenía su origen en la intención de silenciarla como “voz activa de la verdad en México”.
Cabe destacar que esta no es la primera vez que pasa algo similar con Carmen. En 2008 sucedió lo mismo con W Radio, cuando la muy retrógrada decisión de simplificar las redacciones y dejar todo el peso de los contenidos en una sola persona, orilló a la cesantía de la periodista que, por supuesto, no podía dejar desamparado a su equipo y con justa razón.
            Pero lo curioso es que todo tiene su base en una audiencia y sociedad en general que ya está hasta la madre de malos gobiernos y le cree y endiosa a la o el primero que “dice decir” las cosas “como son”.
Sucedió con la Revolución hace más de 100 años: la falta de liderazgos obligaron a impulsar la figura del caudillo que “alfabetizó” a base de alimentar el desánimo y la descomposición social, para levantarse y derrocar a un régimen opresor, pero que también impulsó varios de los cambios más significativos del país de cara a la modernidad a la que estaba expuesto.
En un caso más parecido, sucedió también posterior al “Crack” de 1929 en los Estados Unidos, cuando el empresario periodístico –y autor intelectual del sensacionalismo- William Randolph Hearst quiso hacer de su poder mediático y el famoso eslogan de “si no hay noticia, hay que crearla”, una herramienta movilizadora de grandes masas que fracasó y solo coadyuvó con un conflicto bélico contra España.
Y es que ahora hasta hay ya una "petición" a través del sitio Change.org para que Aristegui contienda por un puesto de elección popular, proyectando en ello el sueño húmedo de los llamados “chairos insurgentes” que anhelan y demuestran tristemente que la idea de un héroe, heroína o el mencionado "Mesías", prevalece, pues una periodista en esos menesteres, es como la magnesia y la gimnasia, y no hay que confundirnos.
Hay crisis, sí, pero ya no vivimos en los tiempos de Zapata, Hearst ni las tecnologías de la información son tan limitadas como para no hacer un mínimo esfuerzo y pensar en otros métodos de insurrección más inteligentes y organizados, pero sobre todo: mejor fundamentados.


SUI GENERIS

¡Cuidado! A pesar de lo anterior, en mi México lindo y estricto sabes que serás víctima de la inquisición social, cuando no estás de acuerdo con un "Candigato", con una periodista mediática o celebras una broma pesada de un descendiente de migrantes judíos como Sean Penn, en los Oscars; pero la cosa se pone peor si además osas utilizar las redes sociales para externar tu opinión al respecto. La intolerancia está a tope.
Aunque no nos guste: la información es negocio y una necesidad redituable para quien conoce cómo se mueven los medios y con una o dos bombas morbosas e indignantes como los de las casas de la Gaviota y Videgaray o el caso Tatlaya (de los cuales, ninguno tiene desperdicio periodístico, desde luego); hacen de su labor de investigación el "superpoder" que la gente ansía, mientras ellos lo capitalizan.
Lástima, pues el hartazgo –ahora más que nunca- es un capital para los políticos, periodistas y cualesquiera que necesiten dar la imagen de "tener pantalones", para que sean más los que olviden el vínculo implícito entre una izquierda inexistente y confundida, y una derecha discrecional; ambas, conformando una "oposición" que está tan derruida, que necesita de personajes heroicos y mesiánicos creados para suplantar la poca o nula credibilidad que hay en la clase política en general. Ahora sí que: “me dueles, México”... tanto talento y tan poca información.
Conclusión: Aristegui es un indudable referente del periodismo en México; su trabajo y aportación es inapelable, pero también sabe que sus bonos están subiendo y a quien quiera que la contrate a partir de hoy, le va a costar una buena lana, pero seguro será un "boom", así como quien decida facilitarle información que convenga a sus intereses.
Es decir: beneficios para contratante y contratada, y eso, créanme: nada tiene que ver con imparcialidad, contrapesos ni opinión pública plural.
O para acabar pronto: la “imparcialidad” también se ha prostituido, con la finalidad de hacerla pasar por "objetividad" y desde luego que no son lo mismo. Nos encanta rasgarnos las vestiduras  y decir que "sólo el imparcial es objetivo", cuando la objetividad puede ser parcial y no por eso deja de ser enriquecedora para contribuir con la formación del criterio de la gente.
Nos hace falta un baño de globalidad y conocer otras democracias para darnos cuenta que nuestro anticuado concepto de "imparcialidad" es el principal recurso de la tiranía, para manipularnos y permanecer sometidos. ¿O ya tan pronto se nos olvidó aquello de la "Caja China"?
Carmen ya logró lo que quería: escandalizar a un público que, además de consumir información, también vota, y ante la coyuntura electoral actual, con varios sectores del poder empeñados en acabar con la hegemonía del partido que gobierna, cualquier esfuerzo y estrategia se vuelve válida para lograrlo.

POST IT: Con el berrinche de Carmen Aristegui, pierde el periodismo, no la gente. Carmen no parará, pero el periodismo una vez más es desprestigiado por ese afán de encontrar víctimas y victimarios; comprados y vendidos, en un país donde aspirar a ser "imparcial" es casi imposible, pues si no le vas a un partido, "entonces le vas al otro" y si no estás a favor de una periodista acaudalada, "estás de parte del gobierno" y así no se puede. ¿Qué no la "imparcialidad" es un punto medio?

            Aristegui cerró un ciclo y lo está aprovechando, es todo. Y nosotros deberíamos entenderlo de ese modo y cerrarlo también, quedando pendientes a su próxima etapa como periodista.



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miércoles, 11 de marzo de 2015

IFT, concesiones y otras cosas macabras

Sobre el triunfo de Cadena Tres y Radio Centro en la licitación del IFT para las dos nuevas cadenas de TV abierta:

1. La declaratoria de preponderancia a Televisa (y sus respectivas restricciones), pareciera que fue solamente una cortina de humo para permitir a la televisora mayor intromisión en asuntos de interés nacional. Ejemplo: Arely Gómez (hermana del ex titular de Tercer Grado y vicepresidente de noticieros en Televisa, Leopoldo) a la PGR, por mencionar uno.

2. Carlos Slim Helú se descartó desde el inicio de la "competición". Era casi obvio: luego de casi cinco años sin publicitarse en el dúopolio de Televisa y TV Azteca, prefirió negociar sus anuncios en el par de nuevas señales, con la finalidad de convertirse en un activo para ambas, ya que los lineamientos de pago para éstas con el IFT son muy estrictas y en cinco años deben estar fortalecidas al máximo para mantener su concesión. Les urgía un "socio no reconocido" que les inyectara flujo financiero. De cualquier manera: ni Telmex, Telcel o Sanborns necesitaron de los de San Ángel y los del Ajusco para mantenerse como líderes en sus respectivos giros. Conclusión: ese Slim es un loquillo para los negocios, sin duda.

3. Los nuevos integrantes de la televisión abierta (propiedad de Grupo Imagen y el otro de la familia Aguirre) son expertos en el negocio de la radio y medios impresos. Sin embargo no llegan tan "novatos", pues ambos tienen la experiencia de estar en medios digitales como plataformas multimedia y técnicamente tienen con qué hacer frente al reto. A ver si logran convencer a sus anunciantes -ésos que no tienen tanta lana como Slim- de que por ser "la novedad", garantizarán el impacto que ambos necesitan para sostenerse.


¿O ustedes cómo ven?