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viernes, 8 de diciembre de 2017

Hubris, mesías y elecciones, lo que nos depara 2018

Miguel Ángel Gómez Polanco

“Puedes observar cómo la divinidad fulmina con susrayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición...puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía”

-Herodoto


En 2009, dentro del número 132 de la revista "Brain: Journal of Neurology", el académico del departamento de Psiquiatría y las Ciencias del Comportamiento en la Duke University (Estados Unidos), David Owen, hizo un análisis de varios dirigentes y líderes mundiales que no padecieron dolencias mentales pero desarrollaron un tipo de comportamiento que el mismo autor, junto al psiquiatra Jonathan Davidson, denominaron “Síndrome de Hubris”.

De acuerdo con los estudios que realizaron ambos, sustentados en gran medida por antecedentes empíricos y hasta clínicos de grandes personajes del estudio de la mente como Sigmund Freud, Jerrold Post e incluso del célebre historiador y periodista, Malcolm Gladwell; el artículo describe, con base en las anotaciones hechas a partir de la contemplación conductual de 100 de los más importantes mandatarios de la historia universal, un posible trastorno sicológico (sí, así se escribe ahora según la RAE) que, debido a sus características, se le denominó “la enfermedad del poder”.

Resulta que el “Síndrome de Hubris” (de la raíz griega “hibris”, entendido como “desmesura”) caracteriza a quien lo padece por una severa impetuosidad, así como por su aversión por las sugerencias o consejos, además de poseer una forma de incompetencia derivada de su impulsividad, dificultad para evaluar consecuencias de los propios actos e intolerancia a los errores, porque se creen “todopoderosos” e infalibles.

Según Owen y Davidson, este trastorno, aunque no está reconocido todavía como tal (por lo menos hasta Manual siquiátrico DSM-V) éste ha comenzado a utilizarse como terminología descriptiva para personas que presentan cierta sintomatología asociada con la obtención del “poder” relacionado con los Gobiernos, destacando detalles de personalidad como ver al mundo como un lugar de autoglorificación o manifestar un celo mesiánico, exaltado continuamente en su discurso.

Además, las y los individuos con “Hubris” muestran excesiva confianza en sí mismos, exhiben una fe inconmovible en que serán reivindicados y, de manera muy natural –ojo- recurren a acciones inquietantes, impulsivas e imprudentes que suelen ver como una razón propia que los demás deben asumir como una verdad absoluta.
            
        Sí, amable lectora y lector, estoy seguro que hasta aquí, a usted –como a mí- nos suenan muy conocidos estos síntomas, sobre todo, con el 2018 en ciernes.
            
      Y es que México, sobre todo en las dos últimas elecciones presidenciales (2006 y 2012) ha iniciado con la experimentación en ascenso de un culto a la personalidad y caudillismo inéditos, provocados en gran parte por el hartazgo social que ha encontrado, principalmente en las tecnologías de la información, una manera de despertar de su aletargada sumisión, pero con cantidades de adrenalina que a veces confunden el verdadero ideal de cambio, sustituyéndolo por un extraño conformismo representado en “hacer del menos pior, al ideáticamente mejor”.
           

SUI GENERIS

Las y los mexicanos deberíamos estar muy agradecidos con Owen y Davidson: por fin tenemos un término sustentado en la ciencia para calificar a quienes proponen “amnistías” con la delincuencia y después aparecen felices de la vida liberando tortuguitas en las costas de Oaxaca.

            También, el “Síndrome de Hubris” alcanzará, gracias a los mencionados especialistas, para describir a aquellos que, ya “dedeados”, inician con el dispendio a varios medios de comunicación para que éstos hablen bonito, qué digo bonito ¡hermoso y poético sobre ellos! coartando la libertad de expresión con tal de obtener uno o varios sesgos de opinión pública para que los votantes viejos, los nuevos y los intermedios no se acuerden de sus pasajes fraudulentos (como el Fobaproa).

Pero a estos personajes se les olvida que en la historia del que cree (y del que no, también), y tal como lo afirma Herodoto: la divinidad se encarga de poner todo en su lugar, cuando la desmesura y el exceso se vuelven el sello de quien busca el poder -ahora sí, dicho con certeza- de forma enfermiza, valiéndose del pueblo que los elige.


            Así que ya lo sabe: si usted conoce a algún paciente potencial de “Hubris”, de preferencia, no vote por él. No nos vayamos a convertir en súbditos de su trastorno.




Twitter: @magomezpolanco
FB: facebook.com/magomezpolanco



miércoles, 11 de octubre de 2017

La gran estrategia

Por Miguel Ángel Gómez Polanco


“El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca”

-Sun Tzu

Panorama ajeno a la normalidad de la utópica democracia mexicana, es el que comienza a presentar de cara a 2018. Y no sé si eso sea bueno o malo, la verdad.
            La falsa insurgencia de los ideales, las rupturas por un lado y las uniones por otro, la necesidad de perpetuarse en el poder y, al final, los gritos en silencio de una sociedad aletargada y confundida, son el sello que caracteriza a la “fiesta grande” del año que viene.
            Bien decía el padre de la estrategia de guerra, Sun Tzu, cuando refería que la victoria, en gran parte, lleva consigo dosis de engaño, de crisis, de juego, y a veces hasta de carisma; ese carisma que, en un país como el nuestro, vengativo y que prefiere la burla que el raciocinio, se convierte en un activo preferencial que sobresale por encima de las capacidades reales que tiene tal o cual persona para gobernar un país de alta complejidad en lo general, fomentando un “simpático caudillismo” en lugar de apostar a consolidar una verdadera revolución progresista.
            Pero ¿y si todo esto estuviera planeado? ¿y si todos fuéramos parte de una gran estrategia para “ceder” ante el drama y la teatralidad de cambio, mediante inusuales formas de hacer política y pactos indecibles para relanzar, por ejemplo, un populismo “mejorado” como el que practicaron personajes como Plutarco Elías Calles y hasta Lázaro Cárdenas?
Y es que cuando existe una combinación entre crisis y reformas de corte estructural que tienen como cometido debilitar a los partidos de masa, la partidocracia inicia un declive con miras al fortalecimiento del populismo. Eso es indudable.
            Y por increíble que parezca, al interior del partido que encabeza el régimen actual en México, pareciera que sabían de la crisis que vivirían posterior a su retorno en 2012, por lo que decidieron “no irse solos” creando placebos de unidad, como el “Pacto por México”,  para generar reformas que, sin duda, debilitaron a las fuerzas políticas que lo integraron, destacando la izquierda como principal perjudicada de este efecto.
            Pero lo anterior tiene consecuencias todavía más graves si no se toman las consideraciones necesarias, pues tal como lo definen Carlos de la Torre y Enrique Peruzzotti en el libro “El retorno del pueblo: Populismo y nuevas democracias en América Latina”, esta crisis partidocrática (provocada) favorece la aparición o fortalecimiento de figuras populistas o “outsiders”, o sea, entes que aparentemente no forman parte del sistema hegemónico y cimientan su discurso, principalmente, en el ataque al mismo. ¿Le suena conocido?
            Lo preocupante del asunto para México, es que este proceso no es precisamente parte de un ciclo democrático en busca de una verdadera representación política y mucho menos ciudadana. Sin embargo, esa es la idea que se “vende” más, la que más “pega”.
            Y le puedo casi garantizar, amiga y amigo lector, que el inédito brote de aspiraciones a candidaturas independientes, mucho tiene que ver también con ello.
            Hasta el 10 de octubre de los corrientes, van 36 aspirantes a candidatas y candidatos que buscarían la presidencia por la vía independiente. Pero ¿qué relación tienen éstos, además de ser una aparente consecuencia del fenómeno de fractura partidista descrito líneas arriba?
            Pues ahí le va: ante la falta de representación sectorial en México, los polos opuestos se han tenido que ver en la necesidad de atraerse, pero sin reflectores. Eso explica que el surgimiento de candidaturas independientes pudiera ser el resultado de negociaciones entre estos polos, con el afán de dividir el voto, terciar la elección y centrar la victoria en el voto duro o adquirido, pero no en un legítimo propósito de cambio.  Un “divide y vencerás” a gran escala, para acabar pronto, liderado por fuerzas políticas disque opuestas. Igual por eso aquello de “si te arrepientes, te acepto” que practican algunos.
            Y para alcanzar este cometido, se deben definir “perfiles” específicos que confundan la intención de voto y se muestren aparentemente incluyentes, pero en realidad sea parte del telón en un teatro para fragmentar, dividir ¡pulverizar el voto!
“¡Una candidata de extracción indígena, claro, es uno de los sectores más fuertes!”, “¡una desertora sin posibilidades, pero icónica para el único partido que ha logrado la alternancia en los últimos 17 años, qué buena idea!”, “¡el primer gobernador independiente, que “busque” ahora ser el primer presidente independiente!”
            Y así, dar forma a la gran estrategia del engaño: diseñar un “independiente” para cada “dependencia” de la gente, que tercie la elección y evite que se polaricen los votos y las expresiones, debilitando a los bloques que buscan unificar esfuerzos con una meta común, un bien común.


SUI GENERIS

Una elección presidencial terciada con "independientes-dependientes" en una partidocracia lacerada pero vigente como la mexicana, solo beneficia a los promotores de la división y no le conviene al país. Que no nos engañen.
Lo que urge, sí, es ciudadanizar la democracia en México. Urge que se alcance una mayor y más real representación. Urge el parlamentarismo y, de una vez por todas, olvidarnos del centralismo del poder en el presidencialismo de una sola persona.
La sumisión, mesianismo y devoción de la cultura mexicana, nos mantienen al borde de caer en dictaduras… todavía. Y ni la “independencia” de aspirantes, ni la “mafia del poder”, pero mucho menos la demagogia antisistema de quienes ofrecen indulgencia política a cambio de inclusión, tienen la solución, si no es el pueblo el que razona en esto.


Aguas.



jueves, 20 de julio de 2017

De la Venezuela madura a la inmadurez mexicana


Miguel Ángel Gómez Polanco


En medio de la ingobernabilidad y represión de inconformidades, Venezuela transita por una de las etapas más álgidas en poco más de 18 años de régimen chavista, pero también con un alto grado de influencia para toda América Latina.

Las malas prácticas y subsecuentes reacciones de Nicolás Maduro para contener a la oposición a su Gobierno, han derivado en que éste utilice su posición para determinar modificaciones, incluso con rango constitucional, y “reinventar” el marco de su reprobada gestión, con la intención de prolongarlo mediante el empoderamiento de la minoría que representa hoy en día el chavismo.

Algunas de las formas que Nicolás Maduro se encuentra en vías de cristalizar radican en someter a la Suprema Corte de Justicia de aquel país, para que dicha instancia (la máxima en materia en impartición de justicia) avalara la convocatoria de un Congreso Constituyente para rehacer la Carta Magna venezolana, sin tomar en cuenta al parlamento y, por ende, dejar fuera a la representación popular.

No obstante, la ebullición social se ha hecho presente, y sí, con madurez, al convocar justamente el Parlamento a una Consulta Pública “simbólica” (pues el mandatario ni en sueños se atrevería a hacerlo por la vía del Referéndum) para conocer la postura del pueblo venezolano en torno al rediseño de la Constitución de su país.

El resultado: un triunfo apabullante del rechazo (7.2 millones de personas, equivalente a siete de cada diez habitantes) a que se reescriba el documento que, entre otros temas, contemplaría modificar las reglas de elección popular, sesgar los derechos político-electorales de las y los ciudadanos y partidos políticos para promover una República unipartidista, censurar y criminalizar las manifestaciones de oposición al régimen y, en esencia, imponer un Estado totalitario y, además, perpetuarlo. 

Es decir: cambiar al país y distanciarlo de lo consagrado en la Constitución actual, que en su Artículo 347 establece que el pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario y no una víctima del poder fáctico, en este caso, de don Nicolás.

Además, la iniciativa de Maduro contemplaría reducir al máximo los beneficios individuales de la propiedad privada (incluso heredada) imponiendo impuestos altísimos e impagables a la misma y facilitando al Estado para expropiar prácticamente lo que se le venga en gana.

Vaya problemón tienen en Venezuela. La conducta de Maduro es todo menos madura y democrática. Pero ¿por qué en pleno Siglo XXI se ven estas cosas en América Latina?

Yo tengo una teoría que hoy les propongo, amables lectoras y lectores: dichas situaciones tienen un trasfondo, incluso conductual, que evidencia la naturaleza de las y los latinoamericanos: tendemos a oponernos a las decisiones de Estado, pues en la mayoría de los casos, nos cuesta trabajo entender la Ley. 

Y en México, ni les cuento. Ejemplos los hay y claritos. Ahí le van dos recientes:

El caso Coahuila, donde está en vilo la anulación de la más reciente elección de Gobernador. La razón: haber presuntamente violado el principio constitucional de equidad en las campañas, rebasando topes de gastos que en combinación con el requisito de la diferencia mínima de votos establecido en el Artículo 41 de la Constitución, hace que el asunto se convierta en una confusión sobre una posible causa para anular los comicios, dejando todo en manos de un cuestionado ente administrativo como el Instituto Nacional Electoral (INE)

Y aun cuando existen opciones -no aprobadas- para cambiar panoramas como el de Coahuila, como la segunda vuelta electoral ¿hemos reclamado que se tomen en cuenta? No. Incluso, de acuerdo con una encuesta de Consulta Mitofsky, más del 47 por ciento de los mexicanos no son partidarios de la segunda vuelta. La pregunta es ¿sabe realmente ese porcentaje los beneficios de una segunda vuelta que dé contundencia a la decisión popular?

Por otra parte, tenemos al nuevo Sistema Penal Acusatorio y  Adversarial que, producto de la reforma más reciente en la materia, ha sido objeto de las más amplificadas críticas derivadas de sus diferencias tan opuestas con el sistema mixto anterior al que estábamos acostumbrados, en el cual los derechos humanos eran violentados constantemente.

Sin embargo, ante la falta de capacitación de sus operadores (en todos los niveles de Gobierno) y la “impopularidad” social de este nuevo modelo (dixit Raúl Iruegas Álvarez, catedrático del Inacipe); el desconocimiento redunda en un caos de conceptos que mantiene en la incertidumbre a la opinión pública.

Total que la conclusión es que el desapego con la Ley y sus “trucos”, nos lleva a ser más reactivos y no preventivos, estacionados en la desidia, la apatía, irresponsabilidad o como usted le quiera llamar, dando como resultado que se elijan gobernantes con base en las emociones, las dádivas, las prebendas, el mesianismo, la “compra de las conciencias” y todo eso de lo que “siempre hay queja” y que, en la mayoría de los casos, deriva en que los mismos electores quieran –después del desastre- “quitar” a los gobernantes que eligieron, por causas de insatisfacción pero no de conocimiento de causa (y efecto); algo que al sistema, al final, siempre le convendrá para que todo siga igual.


SUI GENERIS

Y con todo el respeto al sector que seguramente divulgara lo contenido en este panfleto editorial como si fuera una “blasfemia” (además de seguramente insultarme); debo decir que es alarmante pensar que en México estamos bajo riesgo de que "alguien" quiera instaurar medidas similares a Venezuela, si éste llega a ganar en 2018. Por eso importante considerar el ejemplo venezolano y hacer conciencia.

Señales de esto que le digo, las hay. Por ejemplo, el fomento a la confrontación entre clases sociales (“ricos” y “pobres”), explotando la crisis de los que menos tienen para adecuar su carencia en un discurso político; la demagogia plagada de promesas para “reconstruir” la estructura política mediante discursos de crítica al pasado y su corrupción; posturas incendiarias que menosprecian a las instituciones y las amenazan; oposición absoluta a las reformas económicas, políticas y sociales, y el síndrome del “yo no fui” o “soy el único honesto” ¿les suena conocido? Pues a los venezolanos también.

Y es que entre Venezuela y México hay similitudes preocupantes que radican en la medianía de las clases sociales que debaten sus decisiones y el poder de las mismas, en factores impulsados por el hartazgo, el descontento, y repito: en las emociones… pero muy poco en el raciocinio (igual que en las increíbles –pero reales- dictaduras de proletariado).

Entonces ¿qué tan dispuestas y dispuestos estamos a conocer el marco legal de nuestro país, para exigir a nuestros mandatados con fundamento y, antes, elegirlos de manera verdaderamente legítima y no emocionalmente?

En 2018, la gran oportunidad… o mejor dicho: una más para dejar de ser un país inmaduro.


jueves, 29 de junio de 2017

¿Todos contra el PRI o todos a favor de México?


Miguel Ángel Gómez Polanco



Duro panorama tiene enfrente el priismo de cara a 2018. Los descalabros electorales de 2016 y 2017, sumados al cuestionado triunfo en su bastión político, el Estado de México, dejan al “tricolor” en una comprometida situación que permite pronosticar una batalla cruenta para la sucesión presidencial en ciernes.

            Y por si fuera poco, partidos políticos en otra posición quizás más optimista derivada de sus últimos resultados electorales, encabezados por el Partido de la Revolución Democrática (PRD); dialogan y promueven la posible estructuración de un bloque opositor como el Frente Amplio Democrático, en vías de “tumbar” al partido gobernante y como respuesta al pobre desempeño que ha tenido éste, luego de una ausencia en la Presidencia por 12 años.

Pero es necesario, para entender el posible efecto que tendía un Frente con estas características en nuestras tierras, conocer el impacto que han tenido movimientos similares sobre todo en Latinoamérica, donde la lucha por el poder suele polarizarse a grados incluso trágicos (léase Venezuela y Chile, como referentes más sobresalientes).

            En este contexto, hay un ejemplo que resulta inevitable traer a colación; en una parte, por lo exitoso que ha sido, así como por la similitud que guarda con las cualidades y virtudes, oportunidades y debilidades de nuestra nación, México.

            Uruguay: epicentro contemporáneo de los Frentes Amplios Democráticos y donde un 05 de febrero de 1971, bajo el liderazgo de tres partidos principalmente, el Comunista, Socialista y Demócrata-Cristiano, nacería uno de los bloques político-progresistas, plurales y democráticos más importantes del continente.

Sustentado en un sistema electoral de origen belga adoptado desde inicios del Siglo XX denominado “de lemas”; la nación uruguaya logró una convergencia de prácticamente todas las posturas ideológicas que cohabitaban en aquel momento, para lograr canalizar sus proyectos de Gobierno en una sola dirección.

Pero en el Frente Amplio de Uruguay, además, hay una clave imperdible: sus orígenes están cimentados en la unidad obtenida a través de organizaciones sindicales incorporadas a la llamada “Convención Nacional de Trabajadores” (CNT) la cual conglomera, desde la década de los años 70, a todos los intereses de la clase trabajadora -predominante en aquel país- como eje conductor de la selección de candidatas y candidatos con plena identificación ante el pueblo y con capacidades para gobernar.

            Otro factor fundamental en esta iniciativa fue que para llegar al “Congreso del Pueblo” que derivó en la CNT, las reuniones previas entre fuerzas políticas tuvieron como prioridad la consecución de acuerdos en beneficio de la sociedad, con conocimiento de las mismas y plasmándolas en planes de acción programáticos y no precisamente ideológicos.

            En la actualidad, el éxito de este Frente en Uruguay (convertido ya en un Instituto Político) es incuestionable: tres presidencias consecutivas ganadas a partir de 2005, entre ellas, con José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como “Pepe Mujica” al frente del país, cuya representatividad de progreso y extracción trabajadora, han generado una popularidad única no solo en América, sino en el mundo entero, ligada a los logros en materia de empleo, abatimiento de la pobreza, salud y en el sector energético (en este último rubro, ubicando al país como importante desarrollador de parques eólicos).

Y sí, seguramente usted está pensando lo mismo que yo: en ningún momento, la conformación del Frente Amplio uruguayo contempló como prioridad “derrocar” un régimen, sino privilegiar los intereses de la gente a través de la representación popular y un objetivo común.

            Pero en México tenemos un serio problema aspiracional, de poder, de respeto al pueblo, pero sobre todo, de conformismo.

Y es que más allá de la oportunidad que representa organizar un Frente Amplio Democrático en México “para sacar al PRI”, está la posibilidad de que México cuente con un Gobierno realmente plural y democrático, integrado por fuerzas políticas cuyas corrientes de pensamiento generen diversidad en sus políticas para el servicio público, dando al país un enfoque progresista y realmente competitivo. Esa debe ser la prioridad y así se tiene que ver.

No obstante, la tradicional incógnita mexicana continúa, ahora como un pesado lastre para que realmente se pueda pensar en una oportunidad inédita para nuestro país: ¿podrá una meta común basada la urgente necesidad de cambio, contra el populismo mesiánico y la “necesidad de ocasión”, ésa de los “500 pesos para seis años”?





SUI GENERIS



En éste el “siglo de las alianzas”, el PRD ha sido y será factor decisivo. La diferencia en votos que aporta este instituto político definirá, sin lugar a dudas, la denominada “madre de todas las batallas” en 2018.

Sin irse lejos: para 2016 en Veracruz, los 169 mil votos que cosechó el PRD fueron exactamente lo que dio la diferencia al hoy Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares para su asunción a la titularidad del Ejecutivo estatal. Mientras, más reciente, en el Estado de México fue justamente la mayoría representativa de la izquierda entre Morena y PRD la que “ganó” en cantidad, pero no en las urnas ante la negativa de conformar una coalición que les hubiese dado una diferencia de casi un millón de votos (918 mil 709) por encima de los 2 millones 48,325 votos del PRI.

Y esto lo saben perfectamente al interior del Sol Azteca; saben de su recuperación y por ello ahora se promueven como los impulsores del Frente Amplio Democrático en el país.

            ¿Alcanzará el liderazgo de este resurgimiento de la fuerza más representativa de la izquierda, para consolidar un histórico Frente común que, además de derrotar al PRI, sirva como preámbulo de una nueva  y más democrática etapa de beneficios para México?


jueves, 9 de abril de 2015

El Efecto Forer de la política

Miguel Ángel Gómez Polanco


Antes de desarrollar el meollo de la presente “calumnia” editorial, repasemos los números que darán sentido a la macabra realidad que aquí será expuesta.
            El proceso electoral federal ha comenzado. Las campañas están en marcha y, con una Reforma Político-Electoral operando; el escenario político en México se ha tornado más complejo, aunque al mismo tiempo estima una mayor participación en todos los sentidos.
            Fíjese: este año contenderán cuatro mil 496 candidatos a diputados federales; dos mil 694 por la vía del principio de mayoría relativa y mil 852 por la vía “pluri”. De éstos, 22 serán independientes, para quienes el Instituto Nacional Electoral dispuso un fondo de 23 millones 457 mil pesos a gastar en sus respectivas campañas; es decir: de a millón 66 mil pesos por “aventado”.
Esta última cifra, cabe destacar, competirá con el millón 260,238 pesos que tienen como tope de gastos autorizado los partidos instituidos y conocidos.
¡Ah! Pero la “independencia” y actividad ciudadana como parte del quehacer comicial, también dio entrada a otros importantes contendientes no reconocidos, como es Televisa.
¿No me cree? Pues ahí le va: mientras que 21 aspirantes independientes quedaron fuera por no reunir los requisitos (la mayoría por firmas y cotejo apócrifo de credenciales para votar); la televisora de San Ángel tendrá un papel, digamos, “curioso” en estas elecciones, en lo que pareciera ser el “cobro” por los perjuicios que recibió tras la declaratoria de preponderancia que le acomodó el Instituto Federal de Telecomunicaciones, como parte de la Reforma en la materia. De esta manera, quizás suene conspiratorio y digno de un libro de Dan Brown, pero en este momento Televisa parece tener candidatas y candidatos ligados intrínsecamente con la empresa.
Todo lo anterior, sin menoscabar las legislaciones estatales de la Reforma Político-Electoral, donde se dieron sorpresivas aprobaciones para gubernaturas por dos años y reelección legislativa, como en el caso específico de Veracruz, nuestra entidad.
Ahora bien: una vez aterrizado este panorama, usted dirá: ¿y qué carajos tiene que ver el título de este panfleto con ello?
Le cuento: la connotación “ciudadana” que ha adquirido el entorno electoral de nuestro país, luego de la reforma mencionada y a través del cada vez mayor involucramiento de la sociedad como instrumento en el flujo de la información; ha aumentado exponencialmente. No obstante, con ello también creció la oportunidad de la ciudadanía para pensar que lo que ellas y ellos dicen, es más cierto que lo que dicen las y los candidatos, incluso.
¿A qué se debe esto? Precisamente a la intervención de las tecnologías de la información y su uso en ocasiones poco adecuado para lo que su definición misma sugiere; es decir: para informar.
Hoy en día, la proliferación de medios de comunicación más comprometidos con el entretenimiento que con la información, así como la puesta en boga de elementos como los “memes”, han estropeado en gran medida la conciencia real de un país que apenas despierta a la globalidad informativa y que, para colmo, lee muy poco y que por ende, tampoco sabe hacerlo, propiamente dicho.
Y es que con “no saber leer” refiero no solo a la habilidad para comprender una oración, sino también al hecho de cerciorarse de la fuente que le está dotando de la información y cuestionar el por qué de ésta, indagando más al respecto o ya de perdido, siquiera viendo la fecha de su publicación para asegurarse de que lo que comparte en sus redes sociales, es algo actualizado. De verdad pasa, en serio.
Lo malo es que, créame: ese no es realmente el problema. ¡Ah jijos! ¿Sabe cuál es? ¡Pues que hacemos nuestra esa falsa información y la defendemos como si se tratara de las piedras angulares de los intereses nacionales!


SUI GENERIS

Pero tranquilos, amigas y amigos lectores. Esto tiene una explicación científica (aunque no estaría demás considerarla y tener un poco más de cuidado a la hora de decir que la publicación o lo que dice nuestro amigo de Morena, el “mainstream” o el “revolucionario”, es lo correcto).
El Efecto Forer es, según su propio “descubridor”, el sicólogo norteamericano Bertram R. Forer: “la tendencia a aceptar una descripción de la personalidad como propia y muy precisa cuando en realidad podría aplicarse a muchas personas”.
En este sentido, el ejemplo más claro de cómo cualquiera es susceptible de caer en el Efecto Forer -y para que lo entendamos mejor- tomemos el caso de cuando leemos nuestro “horóscopo”. Sabrá Dios quién lo escribió y si corresponde realmente a nuestro signo y fecha de consulta, pero la conducta que asumimos tras hacerlo, es del “quizás me pase”, generando automáticamente una predisposición a que suceda lo que ese cachito de texto nos dice sobre “nosotros”.
Entonces, aplicado esto a la polaca: ¿cómo deberíamos tenerlo en cuenta para no caer en él? Desde la humilde perspectiva de quien suscribe autor de este “chorizo grillero” denominado Vía Crítica, hay dos formas de evitarlo:

  1. No fomente la partidocracia defendiendo a capa y espada lo que de antemano sabe que está mal. Ningún partido y/o candidato le dará de comer lo suficiente y menos los lujos a los que aspira, si no es trabajando y conociendo más de lo que una temporada electoral le ofrece. O sea: no porque lo diga su “gallo” o “gallina”, es necesariamente la verdad. Evite convencer sobre falacias, si no está seguro de que no lo sean, porque todavía hay quien se la traga todita y no se vale abusar.
  2. Las y los candidatos ciudadanos, no dejan de ser eso: ciudadanos. Tampoco tienen la razón en todo, pues velan por intereses parciales, desde el momento de competir por un distrito y no para la presidencia del país. Lo que digan éstos, es en factor de las necesidades de su demarcación, y si se atreven a decir algo que no vaya acorde con el territorio que les corresponde, entonces cuidado: está usted, no ante un aspirante a la diputación federal, sino de un suspirante a potencial chapulín de los que no terminan algo y ya andan metidos en otra cosa, “porque le saben a todo y pueden”, y ahí valió el perfil ciudadano.

Finalmente, agregaríamos una suerte de tercera recomendación para evitar caer en el Efecto Forer de la política, la cual radica en intentar -en medida de lo posible- no “endiosar” a las fuentes de información ni a sus proveedores (incluyendo a doña Carmen Aristegui y hasta al elocuente Ciro Gómez Leyva), solo porque se trata –en apariencia- de “transgresores de la corrupción y hasta de la democracia misma.
Lea, infórmese, esté al tiro, pues, pero también investíguele bien qué es lo que está compartiendo, pues detrás de toda la parafernalia informativa, siempre estará algo más importante: su identidad como parte de una sociedad harta, pero pensante, a la que ya le han visto suficiente la cara  como para seguir en lo mismo, con todo y reforma político-electoral. ¿De acuerdo? Está bueno.

POST-IT: Abusado don Fidel Kuri Grajales. El Tiburón –de su propiedad- va rebien en la Liga MX, pero eso no significa que pueda utilizarlo para su campaña en Orizaba. ¿O qué no ha leído la Constitución? El Artículo 33, Capítulo III de nuestra Carta Magna dice claramente: Los extranjeros no podrán de ninguna manera, inmiscuirse en los asuntos políticos del país… y pues, no sé si ya lo sabía, don Fidel, pero Julio Furch (argentino), Fernando Meneses (chileno), Juan Ángel Albín (uruguayo) y Daniel Villalba (argentino) desfilaron el pasado domingo en el distrito por el que usted contiende, cuando inició el aquelarre electoral. Aguas, pues. Yo nomás digo.



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lunes, 6 de abril de 2015

Cuidado con los agentes del caos electoral

Miguel Ángel Gómez Polanco

Llegó la hora cuchi-cuchi, como dijera Beto “El Boticario”. Aquella época en la que el significado de “guerra” se convierte en la más espectacular y versátil herramienta de persuasión. Esa temporada en la que sales a orear tus ideas en alguna plaza pública, pero regresas a tu hogar como “turista electoral”, con propaganda política hasta en los calzones.  Así es: iniciaron las insufribles campañas.
            Atrás quedaron los Morris, los 132 y los peligros para México. Si acaso, permanece en la confundida molestia colectiva aquello que con abolengo han llamado “el caso Aristegui”, lo cual no es más que un acontecimiento diseñado para “alborotar el gallinero” (y que ha logrado con éxito, por cierto).
No obstante, la más reciente reforma en materia político-electoral está en marcha, y con ella, la ciudadanización de la democracia está más cerca (o por lo menos eso se espera).
            Pero a pesar de esto -y para nuestra desgracia- lo que prevalece es el desconocimiento y el desinterés en algunos de los temas de la agenda nacional que, en estos momentos, juegan un papel determinante para alcanzar aterrizar la conciencia de voto que tanto le urge al país.
            En este contexto, uno de los factores más afectados es el ejercicio mismo del voto. ¿Votar o no votar? Es la pregunta que una cantidad considerable de connacionales se preguntan; con miedo y hasta con dejos de mala leche en quienes más o menos saben lo que significa la duda por sí sola.
            Como ejemplo de lo anterior, está una información que a menos de 24 horas de iniciadas las campañas electorales, ha comenzado a regarse como pólvora, con la evidente finalidad de agravar la irresponsabilidad cívica de las votaciones.
            Varios medios de comunicación han circulado una tormentosa noticia: si no votas o promueves el abstencionismo, te irás al bote o mínimo tendrás que pagar una multa por ello, de acuerdo –según ellos- en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales.
            Ahora bien y como siempre: el presente panfleto, en su incesable búsqueda de representar un elemento útil y menos alarmista de y para la información; expone lo siguiente para su consideración y en relación a dicha “noticia” que ya le ha provocado varios sustos a la sociedad.
            El Artículo 7 del Capítulo II de la Ley General en Materia de Delitos Electorales (vigente al 26 de marzo de 2015), dice:

Se impondrán de cincuenta a cien días multa y prisión de seis meses a tres años, a quien:


III. Haga proselitismo o presione objetivamente a los electores el día de la jornada electoral en el interior de las casillas o en el lugar en que se encuentren formados los votantes, con el fin de orientar el sentido de su voto o para que se abstenga de emitirlo

Asimismo, el numeral VII del mismo Artículo, especifica:

(A quien) solicite votos por paga, promesa de dinero u otra contraprestacion, o bien mediante violencia o amenaza, presione a otro a asistir a eventos proselitistas, o a votar o abstenerse de votar por un candidato, partido político o coalición, durante la campaña electoral, el día de la jornada electoral o en los tres días previos a la misma.


De igual forma, se sancionará a quien amenace con suspender los beneficios de programas sociales, ya sea por no participar en eventos proselitistas, o bien, para la emisión del sufragio en favor de un candidato, partido político o coalición; o a la abstención del ejercicio del derecho de voto o al compromiso de no votar a favor de un candidato, partido político o coalición.

Como se puede apreciar, el documento precisa (y por si las dudas, en esta ocasión quien suscribe lo ha subrayado para que no queden dudas), que las sanciones –ya sea cárcel o multa- se aplicarán a quien coaccione el voto o la anulación de éste el día de la jornada electoral o tres días antes, no antes y menos, después, mientras que en el apartado de los programas sociales, la negación de éstos utilizando la abstención del voto o el sufragio a favor de algún candidato o partido político, queda reservado para el desarrollo de las campañas o el día de la jornada, pero solo tratándose de coacción.
            ¿Qué refiere lo anterior? Ahí le va, para que ya le baje a los bolillos para el susto: la libertad de expresión no se coarta con  la nueva Ley Electoral, pues únicamente el condicionamiento de medios públicos (como los programas sociales) son motivos de sanción, lo cual queda –además- especificado en los artículos subsecuentes (8, 9, 11 y 20) donde se acentúa que durante la fase de campañas, únicamente los servidores públicos o funcionarios electorales que coaccionen el voto o la abstención, serán castigados.
            La reflexión, sin embargo, es: ¿en realidad es conveniente no votar? ¿Esto, independientemente de que haya personajes tan representativos como Javier Sicilia que promuevan la anulación del voto?
            Si se lo dejamos a la matemática básica, la explicación sería más o menos la siguiente: si tenemos seis votantes, de los cuales tres sufragan por un mismo partido y dos por otro, queda uno que sería el decisivo. Si éste es anulado ¿quién gana, entonces?
Por tanto, echémosle tantito coco si es que de verdad “estamos hartos”, sugiero. 
Si no, quizás al igual que quien difunde información falsa (sobre todo por internet) como la de las sanciones por promover la abstención; nos convertiremos en simples agentes del caos electoral que terminarán igual de empinados que quien sí votó ¿o no?
           


SUI GENERIS

Hay que tomarle la palabra al presidente Peña. Dice que en México, 47.4 millones de personas tienen acceso a internet. Es decir: que durante su gestión, el porcentaje de internautas ha aumentado de 21 a 40 por ciento la cantidad de usuarios (y vaya que debemos agradecerle el hecho, pues sus “chistes” no es tan fácil encontrarlos en los medios de comunicación tradicionales).
            Pero ¡cuidado! Porque la internet tampoco garantiza veracidad en lo que se ve y menos aún asegura que habrá de esa prostituida “objetividad” que por inercia buscamos en los contenidos que circulan en la también conocida como “supercarretera de la información”. Eso ya lo deberíamos saber.
            Y es que aterrizando lo anterior en nuestra entidad, Veracruz está, junto con Zacatecas, Chihuahua, Michoacán y Nayarit, en el Grupo II de mayor incidencia en abstención, según el Instituto Nacional Electoral, por lo que es de esperarse que, dada la coyuntura socio-política del país, estas elecciones representen el momento ideal para la confusión por parte de los actores políticos y mediáticos que tienen como especial interés desestabilizar los comicios a través de información tergiversada a través internet; recurso que ha aumentado exponencialmente su presencia en la decisión de voto de las y los mexicanos, precisamente por la apertura por la que pasa su acceso.


POST-IT: Y a todo esto ¿qué de malo tiene si en un futuro no lejano se institucionaliza el voto obligatorio en México? Quizás representaría un acicate necesario para indagar más por quién estamos votando y no hacerlo a lo bruto (como bruto es no votar, también para después quejarse de que ganó “el o la peor”… sin que nosotros hiciéramos algo para evitarlo). ¿Qué no todo México quiere un presidente como el ex de Uruguay, José “Pepe” Mujica? (o por lo menos eso se dice en las redes sociales). Bueno, pues allá en el país sudamericano es constitucionalmente obligatorio el voto y el porcentaje de participación electoral en las últimas cuatro elecciones no ha variado en más del dos por ciento, en comparación con el siete por ciento oscilante de México ¡plop!



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martes, 23 de septiembre de 2014

¿"Golondrinas" de lujo para el IEV?

Miguel Ángel Gómez Polanco

Uno de los principales objetivos que tuvo desde su concepción la reciente reforma político-electoral, fue la de homogeneizar los métodos y los procesos locales, fungiendo el Instituto Nacional Electoral (INE) como un “vigilante” que garantizara la transparencia y paridad en los comicios federales y de cada estado.
No obstante, aunque era inminente el aumento presupuestal que ha cifrado el INE y todavía siga sonando grosero - 18,572 millones de pesos-, uno no se explica cómo puede ser posible que existan instancias locales -en vías de extinción, por cierto- que olviden la nueva disposición constitucional y, quizás de forma “precautoria”, pidan cantidades que por concepto no sean sólo groseras, sino hasta matizadas de irreverencia.
Caso concreto es –para no variar- el del Instituto Electoral Veracruzano, con la simpática suma de 434 millones 425 mil 726 pesos para un año electoral federal, no local.
Pero deje usted lo anterior; lo preocupante no es el total pedido, sino las divisiones en las que se repartiría, de las que –también para no variar- destacan tres en particular: 259 millones 864 mil 740 pesos para "Transferencias, Asignaciones, Subsidios y otras ayudas", mientras que 113 millones 129 mil 773 pesos, para "Servicios Personales” y el de prerrogativas para partidos políticos, con 259 millones 864 mil 740 pesos.
Entonces: en un año no electoral  ¿los “gastos personales” ascendieron de los 82 millones en 2012 (de los 198 en total en el año electoral federal más cercano para comparar) a más de 113 millones en 2015? ¡Abrón!
Y es que, mientras en el INE pudiera ser comprensible que si en el artículo 32 de la nueva Ley se establece que el órgano deberá asumir directamente la realización de las actividades propias de la función electoral que corresponde a los Organismos Públicos Locales, además de participar en la transición de órganos locales a éstos últimos; se podría fundamentar el dinero que piden, pues además les toca organizar enteramente la elección de 2015, cuyo proceso iniciará el 7 de octubre próximo.
Y échele también que les ha tocado ya la organización de las elecciones internas del PRD y la cuatro consultas populares que se avizoran el año entrante, como parte de las nuevas atribuciones para las que está facultado y que es muy poco probable que a puro remanente, les hubiera alcanzado por lo menos para lo que ha sucedido en este 2014.

SUI GENERIS
¡Ay Miguel! Pero es que se te olvidó un pequeño detallito: el próximo año, el IEV dice adiós como tal y pasará a ser precisamente un Organismo Público Local Electoral (OPLE) adherido por completo al INE y en cumplimiento con la reforma político-electoral.
¿Estarán previendo eso algunos Consejeros que dejarán su lugar y aprovecharon para meter en este presupuesto el dichoso “bono de marcha” en el anteproyecto del Plan Operativo Anual 2015? Digo, por aquello de asegurarse de salir “por la puerta grande”; ya ven luego lo que les pasa a los que piden un “haber de retiro” ¿no?
Recordemos que serán siete consejeros los que integrarán el OPLE veracruzano, y de éstos, prácticamente ninguno de los actuales tiene su lugar asegurado. Incluso, algunos ya son barajeados para otros puestos a nivel federal, estatal y legislativo, ante su inminente salida del que será un desaparecido IEV para septiembre del año próximo, más o menos.
El asunto es que el de 2015 será el último presupuesto que apruebe el Congreso local, pues para cuando entre el OPLE, ya será bronca del INE darle sus dineros.
Así que ¿cuán benévolos se verán los diputados para aprobar esta aparente desmesurada petición del Instituto Electoral Veracruzano, considerando que es más para decir “adiós” que para trabajar, no siendo un año electoral?
Dijera el extinto Juan Ramón Saenz: esto sí es un verdadero caso para la mano peluda (y no por aquello de las cámaras en los baños y todo eso que ya es cuento pasado, aclaro).


NOTITA AL PUNTAPIE: Ya se comprobó que la marca “Robinson” no es la mejor en helicópteros. Además, la renta está carísima; de a 1000 dólares por hora de vuelo. Será conveniente que mejor Toño Nemi y otros que los rentan, busquen más opciones… claro, si es que deciden seguir rentando “por fuera”.



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