miércoles, 4 de septiembre de 2013

Y se acabo el recreo…

Miguel Ángel Gómez Polanco

México no puede estancarse más. Es imposible que el 83.1 por ciento del presupuesto para educación sean para sueldos de los profesores. Es impermisible que el 87.2 por ciento del gasto en educación primaria se asigne a remuneraciones de los maestros, con lo cual se convierte en el porcentaje más alto de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Dicen que “no todo les llega” y quizás tengan razón: hay mafias en su interior que se atoran a quien pueden, eso es indudable.
México debe transformarse con un nuevo esquema que comenzará desde ceros. Por eso cuesta trabajo entenderlo. Por eso olvidamos que esta tradición sistemática no es de hoy; es desde la revolución, cuando los campesinos fueron capacitados para proveer educación a sus hijos, y los hijos de los demás, a cambio de “agacharse” con el gobierno; sí, es mismo que ahora quiere cambiar las cosas y que si vivieran, enfrentaría a Plutarco Elías Calles y José Vasconcelos nuevamente.
Seamos fríos; las cosas no cambian en lo general. El sindicato más poderoso de Latinoamérica da nombre con sus siglas a un gremio desprestigiado, prostituido, desorientado. Dicen: “el magisterio no es el SNTE ni la CNTE, somos más que eso” y también tienen razón. Lamentablemente es ese sindicalismo el que ha vendido la labor y, a la vieja usanza, continúa agachándose. Quienes no lo hacen y mal aprenden del poder, se los lleva el carajo.
Ahí está Elba; ahí estuvo Jongitud; éste último, removido por presión de la propia CNTE en 1989, al representar un obstáculo de progreso pero partidista, porque en aquellas negociaciones la intención era la misma: mantener ignorante al pueblo. No por nada fueron precisamente Oaxaca, Guerrero y Michoacán los estados donde se aplicaron aquellas exigencias; entidades que hoy por hoy, son las más representativas del atraso educativo del país, junto con Veracruz y Chiapas, donde el IPE (Índice de Progreso Educativo) es el más bajo y de donde emergen las principales movilizaciones y paros en este momento.
Así es, inteligente lector: las cosas no cambian en lo general. Los cotos del poder magisterial que controlan a la educación en México, no se disolverán: se unificarán de forma perversa, por temor a ser “descubiertos” y, diría mi abuela, ajusticiados por la autoridad federal y la opinión pública.
¿Qué tenemos que hacer? Empecemos cambiando en lo particular. El mexicano es temeroso por naturaleza y cómodo por convicción. ¿Para qué arriesgarnos? Decimos. Pero los indicadores mundiales de educación nos tienen empinados y nos posicionan como economía emergente de potencial cuestionable, debido a los escasos resultados en la preparación de cada generación sobre las oportunidades que brinda el mercado global.
¿O qué? ¿Le gustaría tener un presidente cuyo máximo logro de lectura es la Biblia y un libro de autoría confusa, que exhiba su penosa preparación en ferias de libros a nivel mundial? A mí, no (otra vez).
México tiene que transformarse, empezar de nuevo. No podemos continuar en una lucha de "derecho contra derecho". Hay un cimiento en todo esto y es lo anticuados que estamos en el rubro en común que es la educación, precisamente.
Eso sí: la CNTE representa históricamente la unión; utilicémoslos de ejemplo para buscar -y encontrar- la anhelada transición que no ha llegado hasta ahora y que ha concluido en que nos conformemos con alternancias de contubernio entre partidos neoliberalistas y de derecha, no obstante que ambos conceptos tienen un estrecho margen de diferencia. Pero ¿lo sabemos?



SUI GENERIS

¡Que se respeten los derechos de los maestros! Y los nuestros también, considerando que la educación en México tiene un valor de 6.8, alcanzando en la calidad el mayor punto de rezago, según el estudio Progreso Educativo 2008-2012 del Instituto de Innovación Educativa, del Tecnológico de Monterrey.
Imagínense: de acuerdo con el mismo trabajo, hay un mínimo 22 mil 353 comisionados sindicales que cuestan mil 727 millones de pesos anuales; todos ellos, pertenecientes al sindicato más poderoso de América Latina, el SNTE. ¿Cuál minoría, entonces?
Por esta y más razones, una vez aprobada la Ley General de Servicio Profesional Docente y antes de enojarnos, tengamos presente que los niveles educativos en México requieren de un sacrificio sobrehumano para reivindicar el liderazgo del magisterio en lo general. Los derechos de un gremio que desde la Revolución Mexicana aprendió a ser el compinche del gobierno son un grave lastre para épocas globales que exigen mayor y mejor ciudadanía, por lo que un cambio en su sistema costará trabajo, pero se tiene que hacer.
Esto no es una Reforma Educativa, sino Laboral, con la finalidad de sentar bases similares a las que han adquirido países con un mayor crecimiento económico que propicie la debida inversión en la educación que los ha hecho grandes naciones, en poco tiempo.
Acoplarse a nuevos lineamientos administrativos y de evaluación, insisto, no será fácil. Pero también repito: se tiene que hacer, por lo menos para aspirar a la vanguardia educativa a la que deben estar sujetos sus pilares: los profesores; particularmente de la educación básica.
Dicen que el magisterio no tiene siglas, pero las siglas definen al gremio más descuidado del país... por sus propio sector. Preparémonos para acabar con este paradigma... porque el recreo se acabó.


ABRÓN


Dice el spot de Peña Nieto que países como Noruega "han reformado sus sistemas educativos" como lo hace México. El "detalle" es que según PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes), el país nórdico también lidera las evaluaciones internacionales, posee el mayor índice de lectura de periódicos de Europa y es uno de los que cuentan con los más bajos, léalo bien: los más bajos niveles de corrupción junto con Finlandia (primer lugar en sustentabilidad económica y educativa) y Suecia… ¡Abrón!




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miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Fin del monopolio partidocrático?

Miguel Ángel Gómez Polanco

El 18 de julio del año 2012 sentó un importante precedente democrático en México, que si bien resulta engañoso por el limitado abanico de oportunidades que representa en la actualidad, pone a la sociedad mexicana en un plano de alternativa política que recientemente tuvo antecedentes cuya naturaleza aspiracional, podría  derivar en una organización nunca antes vista electoralmente: la Reforma Política era avalada por la Cámara de Diputados y entraría en período de revisión en el Senado.
            Un año más tarde y ya cocinada la elección presidencial en la que Enrique Peña Nieto y el PRI enfrentaron la dura conciencia colectiva, cada vez más madura y representativa en el entorno electoral; dicha revisión ha concluido en la aprobación de las candidaturas independientes por parte del Senado de la República, el pasado 22 de agosto, mediante la modificación del Artículo 116 de la Constitución Mexicana (transformando su inciso “E” y, con ello, la “exclusividad de registro” de los partidos políticos para con los candidatos en contienda) y de conformidad con lo expresado en otro de éstos, el 35, donde desde la Reforma Política del año 2011 se establecían las candidaturas independientes, pero no se especificaba el marco en que podían presentarse.
            Así pues, todo queda de la siguiente manera: (Las constituciones y las leyes de los estados en materia electoral garantizarán que) se fijen las bases y requisitos para que en las elecciones los ciudadanos soliciten su registro como candidatos para poder ser votados en forma independiente a todos los cargos de elección popular, en los términos del artículo 35 de esta Constitución.
            Sin embargo, este paso trascendental en la vida política de nuestro país, al parecer y como he mencionado, quizás se presente en un momento poco idóneo, debido a que la coyuntura estructural por la que trasiega la nación, va en otro orden de ideas acaparan el interés, consignas, acuerdos y desacuerdos.
Entre energéticas, educativas y hacendarias, las expresiones dan forma a un contexto todavía lejano del que, diría mi abuelo, “es el meollo del asunto”, si consideramos que el parte aguas de todo esto es precisamente la elección de quienes nos gobiernan.
            Como es sabido, próximamente habrá también cambios constitucionales en el tema electoral, cuya finalidad será -por lo menos en teoría- atar los cabos sueltos de un Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales mocho, con graves vicios (sobre todo en las directrices de fiscalización y transparencia por parte de las instituciones políticas que hasta la fecha siguen aprovechando para su beneficio) y, desde luego, la centralización de las funciones comiciales, eliminando a los órganos locales para crear el Instituto Nacional de Elecciones, conservando su autonomía.
La pregunta es: ¿realmente está preparada la sociedad para ejercer a plenitud su derecho de “votar y ser votado”? o ¿contará con los recursos necesarios, económicos y hasta emocionales (por aquello de la confianza), para lanzarse a “la guerra por el sufragio” y enfrentar los trucos, las estrategias sistemáticas y la tradición corruptible de los procesos por el poder, como una elección; ya sea local o federal?


SUI GENERIS

Seguramente el Candigato Morris, el Burro Chon y cuanto invento subversivo y de pedante insurgencia saltarán de la alegría con esta aprobación ¿y sabe qué? No sabe cuánto me preocupa.
La información de este tipo es manejada ya ni siquiera a conveniencia, sino con completa superficialidad mediática, incluso tratándose de modificaciones constitucionales que otorgan o maximizan los derechos con los que contamos con nuestra simple ciudadanía.
            La responsabilidad está en la sociedad para conocer los términos en los que reposa la calidad cuantitativa de una supresión aplicada al inciso “E” del Artículo 116 Constitucional y dejar de lado el aspecto cualitativo que desde el año 2011 existía pero no había sido explorado, pues a partir de ahora ya cuentan los nombres y las veces que sean votados. Ya no será sólo un “espacio en blanco” para apuntar por quién emitimos nuestro sufragio; podremos registrar a quien más nos convenga y apoyarla o apoyarlo.

            Un cambio de este tipo requiere de quien le pertenece; la ciudadanía, instituciones y quien lo regula. Llevará tiempo, por ello es de suma importancia saber más y dejar, de una vez por todas, la tradición latinoamericana del “no sé, no puedo” y convertirlo en un “ya sé y me cumples”, como dijeran por ahí, “con los pelos de la burra en la mano”.




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miércoles, 21 de agosto de 2013

#ReformaEnergéticaSí, pero...

Miguel Ángel Gómez Polanco

En aquella ocasión, desempleado, buscaba oportunidad casi en lo que fuera –y sí, “casi”; para no echar a perder la opción y, con ello, el negocio de quien me contratara, por no saber, como dicen, “a qué le tiraba” -. Un buen amigo me dijo: “manda tus papales a la dirección que te daré y te entrevistarán. Hay gente de Pemex contratando eventuales”. No se lo creía. y contesté, con espasmo: “Pero yo de la industria petrolera sé lo que algunos políticos de gobernar ¿no importa?” a lo que mi entrañable compañero –quien por cierto, ya trabaja ahí y es médico- me contestó: “no hay problema, no importa”.
            En ese momento confirmé mis incipientes sospechas: a Pemex le vale un carajo la profesionalización de sus empleados; sindicalizados o no.
            Fue entonces cuando me dediqué a perder el tiempo de manera más productiva e indagué los términos en que trabajan los “privilegiados”, como muchos los llaman, centrándome en el insufrible régimen que desde 1996 comenzó, cuando Carlos Romero Deschamps sustituyó a Sebastián Guzmán en la dirigencia del sindicato más corrupto y corruptible de México y que, junto con el SNTE y derivados, tienen a dos de los temas imperantes en el país al borde del colapso. Ahí le va por qué:
El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana cuenta con poco más de 150 mil empleados, quienes a nivel gremial reciben la nada despreciable cifra de 65 mil dólares al día por conceptos de producción. Estos se suman a los jubilados y de confianza, para dar un total de 208 mil 162 personas.
            Además, dentro de su estructura destinan cerca de 136 millones de pesos para varias de sus “necesidades”, como “ayuda” para gastos por los festejos del Desfile del 1ero de Mayo y el Aniversario de la Expropiación Petrolera, así como costos de contratación, digamos, “exigidos”, por el Contrato Colectivo de Trabajo que a su vez, representa la absorción de aproximadamente el seis por ciento de los ingresos totales de Petróleos Mexicanos.
            Una vez aterrizada la idea, me permito mencionar que me negué rotundamente a trabajar en Pemex o siquiera mandar mis documentos; eso sí, agradeciendo a mi amigo por el ofrecimiento. La razón era sencilla: trabajando ahí ¿cómo reclamar el ultraje a una supuesta soberanía que de 1938 se ha visto prostituida por intereses muy particulares?
            La situación de una paraestatal que, como bien lo señala el rotativo inglés The Economist, “no es vista como una empresa con fines de lucro”, sino como un cochinito de ahorros sin fondo (sic), debe someterse a la revisión y consenso sociopolítico para determinar qué es lo que realmente le hace falta; aunque una cosa sí es segura: reformarla constitucionalmente, no tiene que ver con ello.
            Es impermisible que con el ventajoso estatus que guarda un sindicato a  todas luces chueco, con una presencia tumultuaria en el Consejo de Administración que decide qué hacer con Pemex y sus dineros; donde de 15 representantes, una tercera parte les pertenezca (sólo uno menos que la representación del Ejecutivo, que tiene seis, entre los secretarios de Hacienda, Economía, Energía y tres subsecretarios), siga existiendo un grado de opacidad obsceno que ya roza los niveles constitucionales al querer reformar los artículos 27 y 28, absolviéndolos y, como dijera la activista Rocío Nahle García, entrevistada por Ángel Ramos Trujillo: “para dejar como legal todo lo ilegal que hacen ahora”.
            Tatito sentido común para entender que una de las petroleras más grandes del mundo, cuyo valor supera los 460.5 millones de dólares; deba comenzar por reinventarse administrativamente y limitar a un sindicato que más que eficiencia, representa votos y desvíos de recurso como aquel del “Pemex-gate” en el año 2000, protagonizado precisamente por Romero Deschamps.
            Tantito sentido común para entender que el petróleo en México dejó de ser “soberano” hace mucho tiempo y que lo que se debe defender es la manera en que se administra, con o sin inversión privada, pero que de haberla, reformar la Carta Magna dista del cometido si no existe una debida distribución de los ingresos y candados que tendrían quienes le inyecten dinero a una paraestatal que está del mismo color que el crudo: negra, negra.


SUI GENERIS

Otros gremios como el del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana manifiestan su descontento con la iniciativa de Reforma Energética propuesta por el Ejecutivo Nacional, aduciendo errores en las políticas de gobierno en el entorno energético.
            En un mensaje dirigido al presidente Enrique Peña Nieto, desglosan una numerología importante, similar a la que presenta Pemex y que a continuación intentaré simplificar: del cien por ciento de subsidios que otorga la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sólo aproximadamente el 40 por ciento es reintegrado a la Comisión Federal de Electricidad. De esto, se descuentan las pérdidas reportadas por el mismo ente, las cuales dejan una utilidad de la tercera parte para todo lo relacionado con infraestructura, capacitación y actividades de la Comisión.
            Si bien es cierto que este manejo también debe ser revisado, recordemos que es la Secretaría de Hacienda la que, como parte del Consejo de Administración de Pemex, retira casi el 50 por ciento de su ganancia, en lugar de elaborar esquemas de recaudación que colaboren con el fortalecimiento de la paraestatal y no desfalcarla junto con lo que se apropia el STPRM.
Es ahí donde toma sentido la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien en las 12 líneas de acción que plantea, promueve la separación (que bien pudiera ser, incluso, por lo menos una limitación) de dicho sindicato y la SHCP del Consejo de Administración, con la finalidad de que sean ellos la pieza clave para administrar los recursos tributaria y laboralmente con mayor transparencia. ¿Alcanzará?




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jueves, 20 de junio de 2013

Yo, partidócrata

Miguel Ángel Gómez Polanco

“Nos vamos perdiendo en nuestras propias creaciones. Las instituciones se han apoderado de las ideas, los debates. Han acabado con nuestras aspiraciones como sociedad”. ¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como esta? Tristemente, la cantaleta de siempre: los partidos, son los responsables de todo.
Así es, amiga y amigo lector: como si se tratara del regreso al feudalismo, en México –extrañamente- el pueblo trabaja para la clase política a través del voto y las transformaciones sociales que derivan de ello, dan lugar a nuevas ideas para la evasión legal, a cambio de una falsa representatividad, siempre vertical y pagando el precio del derecho a sufragar –          pero no de ser sufragado, pues siempre es la misma gente- a través del descontento, mesurado e intrascendente, expresado en formas que están lejanas a la legalidad que exige el propio reclamo y, por lo tanto, estériles y sin posibilidades de cohesionarse en un beneficio común, fuera de lo que las instituciones políticas representan por sí mismas.
Recordamos aquello de “poca política, mucha administración” como la máxima que destrozó el frágil civismo del ciudadano y dio prioridad al crecimiento económico. De ahí que se entienda a la mafufada denominada “neoliberalismo” como la unificación de ambos criterios, como si la frase acuñada en el Porfiriato cambiara a la de “Política a medias y a medio administrar”, permitiendo que el desenvolvimiento social se dé a la par del gubernamental, aunque por momentos sea con el único fin de que el pueblo se entretenga solo y no hacerlo partícipe de las decisiones, pero sí se enoje y haga berrinche, sin que ello tenga un impacto real en el destino de quienes controlan el país.
Para eso nacen los partidócratas o “hijos de las instituciones”; megalómanos que se toman tan en serio sus ideas sobre la influencia de los partidos políticos hasta en el aire que respiran y que todo lo que dicen, -medio- verosímil o no, la convierten en Ley y no hay poder humano que los haga cambiar de perspectiva, aunque a la larga sean solamente posturas caprichosas.
El partidócrata a menudo confunde “corporativismo” con “activismo” y se rebela contra algún comportamiento arraigado en aras de lo que piensa que es la democracia, con argumentos o sin ellos, dando como resultado que la concentración de la información de la que dispone, quede alejada de la opinión pública generalizada para fines no sólo de consulta, sino del fortalecimiento de los puntos de vista en común.
Los partidócratas se identifican por colores, no por ideales y quien no piense como ellos, que se cuide. Se segmentan entre los que dicen “sí” y los que dicen “no”, pero de nuevo: alejados de las instituciones que los alientan, las cuales son protegidas por un sistema creado ex profeso para ello y a las cuales los partidócratas tienen la “obligación” de atacar lo más que se pueda, “proponiendo” acciones desesperadas, ante la incredulidad en las instituciones, por la vía legal.
            Irónicamente, la partidocracia no puede ser concebida sin la existencia del más odiado impulsor de la democracia en nuestro país: el Partido Revolucionario Institucional, creado como tal en 1946, al mismo tiempo en que se dio la primera reforma a la Ley Federal Electoral que se basaba en la formalización de los partidos políticos en México.
Sí: ese PRI de las decadencias y resurgimientos, los pleitos y la discreción, reformador y deformador, que a finales del siglo XX y en lo que va del XXI, ha confirmado su mutación –más no evolución- de institución política cimentada en la promoción del desarrollo económico y social, al de la acumulación de riqueza para un feudo militarizado al que no importan los “cómos”, sino los “cuántos”; clientelar e incongruente, en la mayoría de los casos, entre lo que representa como institución política y lo que ofrecen aquellos a quienes abandera, muchos de éstos, talentos que terminan siendo desperdiciados ante un anti-priismo que cada vez aumenta más en México..
            Es por ello que resulta complicado no justificar a quienes lo aborrecen, aunque como dijera mi santa madre, “tampoco es para tanto”, pues justamente lo que se logró con la institucionalización de la democracia en México mediante el Partido Nacional Revolucionario  y los partidos políticos subsecuentes a mediados del siglo pasado, es lo que ahora también ha mutado –y tampoco evolucionado- en un fenómeno social caracterizado por el hartazgo, las modas y el desconocimiento; un falso caudillismo, insano y surreal como el que promueven ciertos sectores, de los que sobresalen el de las contracampañas disfrazadas, como #YoSoy132, o aquel que es una oda a la ignominia legal, otrora símbolo social y convertido en el ícono de la partidocracia extrema: el Candigato Morris.


SUI GENERIS
Tan grave es el problema de la partidocracia, que en estos momentos la situación electoral del “tricolor” está en vilo en varios de los municipios veracruzanos que tradicionalmente han sido gobernados por ellos, dificultando que la ciudadanía discierna entre partido y candidato, debido a funestos antecedentes recientes como institución gobernante.
            Ejemplo claro es Xalapa, donde Américo Zúñiga Martínez lucha contra la credibilidad perdida por el PRI que representó David Velasco Chedraui (hoy contendiente a la diputación con un predecible triunfo, soezmente comprado con la ayuda de la "hogareñamente" conocida y políticamente inerte “Gaby Zamudio”), así como por el trabajo de la mercenaria de la población vulnerable, Elízabeth Morales García.
En estos casos sería bueno recordar que la multicampeona de natación arrebató literalmente la candidatura a Zúñiga Martínez hace tres años de la forma más baja, colgándose además del poder de la estructura priista en la capital para satisfacer sus ambiciones municipales, poniendo en peligro un triunfo actual que, además de reivindicar a un indudablemente renovado y capaz Américo, daría al PRI una nueva oportunidad en la persona que lo representa, pero no como institución, pues el anti-priisimo difícilmente perdonará lo hecho hasta ahora por esos grupos que han encargado de desprestigiar a su propio partido.


Post-it 1: Recientemente se interpretó una declaración de la exconsejera del Instituto Federal Electoral, Daniela Griego, como si los votos por Morris “no fueran nulos” y se encontraran dentro de un marco legal-electoral.
            Consultando con compañeros abogados y especialistas en el tema, la conclusión fue la misma que he ha planteado: la desinformación está acabando con el poco sentido común de la gente.
            Quizás lo que Griego Ceballos quiso decir fue que la opción de “candidato no registrado” está considerada como una alternativa de voto legal, sin embargo, quien sea anotado en este espacio, debe cumplir con los requisitos constitucionales que dan sentido a la ciudadanía que goza de derechos político-electorales, como votar y ser votado para poder ser declarada o declarado ganador.
Hay que ser claros en esto: un animal no posee estos derechos, por lo que hacer válida la opción de “candidato no registrado” con Morris, tampoco significa que un gato pueda ser declarado como ganador legalmente, dándose la posibilidad de que los propios partidos políticos impugnen el resultado y ni siquiera se tenga que llegar a la anulación del proceso.
            Una de las vías legales posibles es que, posterior a la impugnación, se dé como ganador a quien resulte “segundo lugar legítimo”. Es decir: el “humano-ciudadano” que constitucionalmente sea apto para gobernar, esto, apegado a derecho y en Tribunales Electorales. La otra es que se haga válida la causal de nulidad al contar con el 20 por ciento de los votos nulos cuantificados, aunque dados los antecedentes que distinguen al Tribunal Electoral del Estado de Veracruz, difícilmente se daría esta opción.
            Pensémosle, pues, otra vez, si queremos dejar un precedente improvisado (de esos que en períodos en los que no hay elección, nunca se ven)  o mejor plantear un método más organizado de reclamo, perdurable y enriquecido haya elección o no.

Post-it 2: La partidocracia también afecta a los medios de comunicación. De hecho, mucha de la prostitución informativa que promueven –y presumen- los monopolios mediáticos en México, se debe al rasgadero de vestiduras de aquellas y aquellos comunicadores y periodistas que pregonan objetividad en sus actos y palabras, cuando “por debajo del agua” en realidad se trata de “atextinos a sueldo” y convenencieros de la democracia.
            Por ello, aclaro: quien suscribe autor de este panfleto, apuesta por la veracidad, no por una hipócrita imparcialidad. La ética no está peleada con los discursos cimentados en las preferencias que tenemos los analistas, periodistas, comunicadores, etcétera.
            Basta de partidocracia nociva, sugiero. Quien quiera apoyar a alguien; no importa si es priista, panista, perredista o del color que sea, que lo haga, pero si se dedica a los medios de la comunicación, que fundamente su apoyo, tal como se estila en sociedades más desarrolladas, como la norteamericana: allá sabemos perfectamente qué televisoras son republicanas y cuáles son demócratas; algo que no insisten en ocultar ninguna una de ellas, pero siempre exponiendo el por qué, como dicen, de “lo que les truje” o interesa difundir sobre la o las personas de las que hablan y escriben.
            En este escenario, la imparcialidad férrea no tiene por qué ser un requisito indispensable para colaborar con la sociedad, siempre y cuando lo que se haga, sea en completa civilidad y de forma propositiva, no para descalificar.

Post-it 3: Interesante punto de vista de John Ackerman en su texto “Comunicaciones privadas e independencia nacional” en torno a la utilización de las redes sociales. Ahí, el doctor en sociología e investigador titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, expone la ironía de las tecnologías de la información, la privacidad en éstas y la insufrible costumbre del mexicano de no organizarse de forma integral, sino sesgada y con altos grados de ignorancia respecto al proceso que debe seguir para alcanzar los objetivos que pretende.
Una prueba más de que "Morris" constituye otro ejemplo de que demasiado tiempo en la computadora, puede ser perjudicial, si lo que tenemos en "Favoritos" es Facebook y no el material necesario para fortalecer nuestro ojo crítico y a su vez, práctico y congruente con lo que "exigimos".
Comparto con ustedes el link por si desean consultarlo (ojalá que sí): http://soberaniapopularmx.blogspot.mx/2013/06/comunicaciones-privadas-e-independencia.html





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miércoles, 12 de junio de 2013

¡Un gato, madre!

Miguel Ángel Gómez Polanco

Vaya lío en el que se acaba de meter Juvenal; aquel que decía lo del “pan y el circo”. El asunto se invierte con el pueblo y la coyuntura político-electoral que vive nuestro país en estos momentos, una vez más da visos de transición; un cambio con fuerte contenido simbólico en sus expresiones que vuelve a lanzar la pregunta: ¿son avance o retroceso, las ideas que surgen de una ciudadanía maleada y harta, pero “creativa” y que hoy en día hace ver su suerte a la –innegablemente- anticuada clase política? Analicemos, pues, palabra por palabra:
            Maleada: existe una falsa tradición en nuestra cultura política, denominada “guerra sucia”, por lo que ya no es seguro afirmar que una expresión atípica en tiempos electorales no pertenece a una estrategia de ataque desde un búnker disfrazado.
            Hartazgo: es indudable que la gente, nosotros, estamos hasta el gorro de ver la insufrible rotación de personajes en puestos de elección popular, como en la ocasión histórica que vive el estado de Veracruz en estos momentos, en la que casi el 65 por ciento de funcionarios de todos los partidos y en los 212 municipios de la entidad, dejaron inconclusas las labores –que por mandato constitucional recibieron la encomienda de cumplir- para ir a buscar otro “huesito”, y con ello, fortalecer los sistemas y estructuras de sus respectivas instituciones políticas, (pero no a sus distritos y municipios)
            “Creatividad”: la sociedad es quien elige, pero ¿aunque sea por encima de la legalidad? Porque el candigato Morris es eso: una gran idea… para un pueblo desesperado, pero también desinformado. Sus anuncios, por mencionar algo, dicen "2014-2017", cuando el período para las alcaldías ha aumentado a cuatro años a partir de esta elección, quedando -constitucionalmente- el período como 2014-2018. ¿Alguien lo notó? O bueno: ¿alguien de los "Morris fans" sabía de esta modificación?
            Pero lo realmente llamativo es que esta surreal percepción electoral y desconfianza en las instituciones, ha causado un efecto preocupante en cuanto hace a la distinción de las opciones que nos ofrece el voto.
            Por ejemplo, olvidamos que detrás de Morris están dos seres humanos, Daniel Cruz y Sergio Chamorro, quienes lo único que hicieron fue transportar una opinión personal (al parecer, bien estudiada e identificada con la sociedad) a una modalidad de expresión que no es creativa ni coherente legalmente, pero sí nueva para México.
     Estados Unidos, Canadá y España son los más recientes casos donde se han “candidateado” animales, con el mismo contexto de inconformidad e intrascendencia político-social, que no sea la de un simbolismo momentáneo que se estanca y poco o nada influye en el comportamiento y/o beneficios respecto a la sociedad, como es el caso de “Stubbs”, el gato “alcalde” de Talkeetna, Alaska que lleva en el cargo casi 15 años (de forma emérita, claro) y el pueblo sigue igual.
Y entonces llegamos al “meollo” del asunto: si la idea –copiada de los métodos de inconformidad con arraigo, principalmente, en los Estados Unidos- se adapta a un sistema electoral mucho más avanzado que el del país norteamericano, como lo es el nuestro ¿cuál es, entonces, el avance que ofrece éste?
Ya en Ciudad Juárez han copiado el “modelito” con el no tan célebre candidato a la alcaldía del municipio chihuahuense: el Burro “Chon”. Luego entonces: ¿ha aceptado el mexicano que su naturaleza es de modas, más no de soluciones integrales basadas en la participación ciudadana? ¿Por qué animales y no personas emergidas del mismo pueblo inconforme, con posibilidades reales, legales?

SUI GENERIS
Hay que pensarlo, decirlo y aceptarlo: votar por Morris sí es un voto nulo, pues sólo el ser humano como tal, está reconocido constitucionalmente para votar y ser votado, como parte de sus garantías individuales y derechos político-electorales (a menos que documentos de referencia universal como la Declaración de los Derecho del Hombre mientan).
            Por ello es que ambas caras de la moneda son verdaderamente alarmantes. Por un lado, el hartazgo manifestado a través de modalidades inconstitucionales, debieran ocupar a los políticos en aprovechar esta participación ciudadana, carente de indiferencia y -por el contrario- representativa de una buena parte de la sociedad, para aumentar el contacto y compromisos (cumplidos) con ésta.
            Y del otro lado, la situación se hubiera tornado más interesante, si esta postura de hartazgo se hubiera dado en la persona de alguien; quizás en los propios creadores del personaje del gato -pues son ellos los que dan "personalidad" al gato- pero que se hiciera dentro del marco legal.
            ¿Qué no lo que “peleamos” y por lo que estamos “disgustados” es por la ilegalidad con la que se manejan los políticos? ¿qué no anular el voto significa darle “uno más” a la candidata o candidato que lleve la delantera en las preferencias y subsecuentes conteos?
            El ejemplo comienza por uno mismo, decía mi santa madre… ¡¿pero ahora es un gato, madre, el que pone el “ejemplo”?!
          
Post it 1: Morris forza un cambio en el discurso del político tradicional; sencillo, pero absolutamente cierto: el que promete primero y demás, pierde después. Prueba: el deplorable legado de gobierno que deja Elízabeth Morales García a su partido; aquel al que se metió muy a la mala, ofreciendo a la población vulnerable como moneda de cambio y que tiene al electorado tan molesto.
Sin embargo, debo apuntar otro acierto al único candidato para la alcaldía de Xalapa cuya postura se ha caracterizado por el respeto a los adversarios y una curiosa sinceridad en sus declaraciones (de esas a las que no estamos acostumbrados apreciar en la clase política en general): Américo Zúñiga.
            Y es que en una entrevista radiofónica que recientemente le realizaron al exdiputado, al preguntarle sobre cómo solucionaría el problema del tráfico de la capital veracruzana, Zúñiga Martínez contestó con admirable honestidad: “para empezar, no puedo prometer algo así. Nuestro problema es de movilidad y lo que sí puedo decir es que vamos a enfocar nuestros esfuerzos en aminorar el tráfico y mejorar la vialidad, con medidas inteligentes, bien pensadas”.
            Amiga y amigo lector: razonemos bien nuestro voto. Un buen consejo para ello es pensar como demócratas, no partidócratas, pues hay veces que por increíble que parezca, la persona no representa precisamente el perfil de la institución que lo abandera. Mientras tanto, “palomita” para Américo.

Post it 2: La fe de erratas por el texto anterior, titulado “Supositorios políticos” es la siguiente: el dueño de los Tiburones Rojos es Fidel Kuri Grajales, no “Pepe Kuri”. No obstante, a éste último, gran personaje de la música y el entretenimiento de Xalapa; envío un afectuoso saludo y disculpas por la enorme tarea que le “adjudiqué” debido a una falta de concentración.

Asimismo, una disculpa a ustedes, amables lectores de Vía Crítica; procuraré que mi preocupación por los escualos y su raquítico refuerzo “de primera”, no vuelvan a provocar una aberración informativa como la aquí corregida.





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