martes, 9 de enero de 2018

El valiente PRI

Por Miguel Ángel Gómez Polanco

¿Qué dirían Plutarco Elías Calles, Díaz Ordaz, De la Madrid, Salinas de Gortari, al ver la estrepitosa manera en que caen actualmente los regímenes de “impecable corrupción” que impulsaron, durante décadas, para mantener sumido al país en una continua necesidad que los ayudó a perpetuarse en el poder?

Y es que sin duda: la alerta roja está encendida en las filas tricolores para este 2018. Ya no les sale nada; su división interna, carencia de unidad estructural y operativa, evidente falta de planeación y cálculo mediático para poder conectar con la sociedad, cada día se hacen más evidentes y dolorosas para el otrora partido hegemónico en México.

Y para la contienda de este año, el panorama no les luce nada esperanzador. Su “gallo”, José Antonio Meade, parece que de verdad es fiel a la causa: su falta de pericia para hablar en público, lo está haciendo pedazos. Ya circulan en Internet y Redes Sociales múltiples videos de sus pifias en eventos públicos, que ni la militancia del partido que lo abandera alcanza a componer, e incluso, hasta le empeoran el asunto con sus supuestas “defensas”.

Dice Meade que “la cárcel es para los ciudadanos y las calles para los delincuentes”. También se aventó aquella joya de deseo: “Queremos que Aguascalientes sea noticia por su capacidad para generar pobreza”, afirmó. O cuando la liberación de Elba Esther Gordillo como resultado de un presunto trueque político-electoral entre el SNTE y el PRI, ante lo cual el subconsciente lo traicionó para responder que “la correlación no es coincidencia”. ¡Y apenas estamos en precampañas!

Vaya: la cosa con Maede está como para no extrañar al Lord actual, me cae. Es más: no ha faltado hasta quien lo ve como un accesorio de su esposa, Juanita. "Ella tiene más carisma", se escucha mucho en los cafés.

Pero el PRI, no se rinde. Saben perfectamente que una posible victoria depende más del dinero que le metan a la elección, como tradicionalmente lo hacen, además de los “trucos” que les dejen hacer los partidos y alianzas opositoras. Pero por credibilidad, ya no. El repudio social hacia el Revolucionario Institucional, ya es inocultable… y probablemente, incontenible.

Vamos: ni sus huecas peticiones para ser redimidos los ayudan. Que si Javier Duarte los “traicionó”, que si Borge “los hizo quedar mal”, que si Javier Corral los difama. Nada les sale bien.

Y es justamente el tema de Chihuahua el que ha calentado las cosas más de lo previsto. Allá, el Gobernador emergido de la coalición PRD-PAN, les sacó a relucir, en diciembre pasado, una durísima: La Secretaría de Hacienda y Crédito Público trianguló para su desvío cerca de 250 millones de pesos que beneficiarían a los candidatos del PRI en las campañas electorales de Veracruz, Tamaulipas y ahí mismo, en Chihuahua.

Manlio Fabio Beltrones habría sido la mente detrás de las transacciones y Alejandro Guitérrez Gutiérrez, exsecretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y ahora sometido a proceso penal por el delito de peculado agravado, su operador.

Pero la cosa no quedó ahí. Este lunes 08 de enero, Javier Corral dio a conocer públicamente que, como producto de aquella denuncia, el año pasado, el Gobierno Federal “tomó represalias” y se desquitó con muy poca habilidad política: le cercenó recursos al Gobierno de Corral, en el orden de los 700 millones de pesos.

¿Qué pensaron? ¿Qué Corral se quedaría callado ante tremenda conducta, peor y más infantil que el famoso meme de “orita no me hablen”? ¡¿En qué cabeza cabe tomar una represalia tan vacía e impregnada de ignorancia sobre las consecuencias que traería?!

La SHCP responde. Como Joaquín Sabina, niega todo. “Ellos no se meten en asuntos electorales”, dicen. Así como Sedesol, suponemos.

Sin embargo, fuera de toda demagógica contestación que pudiera darse en este tema, el vendaval contra la administración federal priista se agrava por otros factores como la extradición del exgobernador chihuahuense, César Duarte, que parece estar detenida por razones que estarían ligadas, dicen, a la “sopa” que pudiera soltar el exmandatario en éste y otros temas que involucrarían un serio deterioro en la ya de por sí dañada imagen del PRI con una apoteósica elección en ciernes, además de la cloaca que destaparía su sola presencia en México. Muy “a lo Duarte”, pues.

SUI GENERIS

La conclusión es que el PRI ya no ve lo duro, sino lo tupido. Se defienden como “gato boca arriba”, pero ya no les está dando. Algunos simpatizantes e incluso periodismo afín al tricolor (sí, aún existe, por increíble que suene) destacan hechos que al final, terminan por ponerles más trabas que facilidades.

Por ejemplo, recientemente defendían que fue por órdenes de José Antonio Meade que, cuando éste estuvo al frente de Hacienda, se dio la detención de Javier Duarte, gracias a las denuncias que interpuso esa dependencia federal.

Argumentos como ese serían válidos, si no quedara el antecedente de que fue la Auditoria Superior de la Federación la que inició las indagatorias, antes que la SHCP, sobre retenciones indebidas que ejercía Javier Duarte respecto a partidas federales y que, por propia conducencia, la Unidad de Inteligencia Financiera de esta dependencia se encargó de ratificar. Es decir: a Meade al frente de Hacienda, más que intenciones de procesar a Duarte de Ochoa, lo que se le vio fue que no le quedó de otra ante las contundentes pruebas que presentaba la ASF y la presión social que existía en esos momentos.

¿Y sobre la triangulación denunciada por Corral? ¿Meade no sabía de ello? Además, la detención de Alejandro Guitérrez, mediáticamente, le estaría dando la razón a Javier Corral y, por ende, aunque la operación habría sido en la etapa de Luis Videgaray ¿qué hizo después el precandidato priista para denunciar el presunto desvío que, precisamente, favoreció a Javier Duarte y a otros gobernadores que justamente hoy están en la mira de la justicia?

Ya nada más les faltaría que les comprueben sus vínculos con Morena en torno a presuntos financiamientos de gobernantes salidos de sus filas a favor de Andrés Manuel López Obrador, como parte de esa alianza de facto que la opinión pública ha denominado “PRI-MOR”. Eso ya sería el acabose.

No cabe duda que estamos viendo a un Partido Revolucionario Institucional muy valiente… porque vaya que hay que tener valentía para presenciar un desmoronamiento como el suyo.









martes, 2 de enero de 2018

Los eufemismos del señor López

Por Miguel Ángel Gómez Polanco

En 2006, los autores Keith Allan y Kate Burridge, dentro de su libro “Palabras prohibidas: tabú y la censura del lenguaje”, definieron de manera muy certera lo que significan los eufemismos en la comunicación política utilizada en la actualidad.

Para dichos especialistas lingüísticos, los eufemismos “pretenden evitar que la imagen positiva del emisor (la o el candidato) se vea afectada negativamente”, de manera que dichas expresiones están destinadas, principalmente, a suavizar posibles conflictos que dañen la imagen pública de quien los utiliza y que sirven para matizar la verdad oculta en el trasfondo del discurso al que recurren en sus campañas.

Y es que las técnicas utilizadas hoy en día por la clase política para acaparar el interés del votante, han trascendido al grado de implementar estrategias de comunicación que garanticen una percepción favorable a sus intereses, sea cual sea el modo de lograrlo.

Desde la guerra sucia habitual, hasta tratamientos neurocientíficos que buscan modificar, incluso, las emociones de la población; la comunicación política actual ha evolucionado, de ser una herramienta, a convertirse en toda un arma electoral.

Caso de estudio en este rubro, ha sido la modalidad discursiva empleada hasta el momento por los precandidatos presidenciables de la contienda en ciernes para este 2018, en los que encontramos lo típico de la “vieja escuela” como la compra de publicidad periodística en primeras planas para insertar al candidato “abrazando a la gente”, así como de supuestos líderes de opinión que enfatizan el lado “humano” de los aspirantes, en el caso de José Antonio Meade Kuribeña, o bien, algunas otras ligeramente más efectivas como las de Ricardo Anaya Cortés, utilizando un elemento de vinculación universal como la música, como medio de sensibilización.

Sin embargo, la carrera presidencial aún se encuentra en una etapa prematura y las “armas” de los suspirantes todavía no se alcanzan a ver en todo su esplendor.

A pesar de lo anterior, lo que sucede con uno de los tres principales contendientes, es digno de analizarse. Las claves del discurso que habitualmente utiliza Andrés Manuel López Obrador, en apariencia son muy notorias.

La incitación del hartazgo, el respeto inequívoco a la figura pontificia que representa, entre otros factores, son algunas de las peculiaridades que distinguen a este personaje y que, con el único afán de ofrecer un punto de vista sobre cómo se entiende, de manera muy breve, el criterio utilizado en su estrategia de comunicación, abordaré en líneas siguientes.

Así pues, aclarando de antemano que lo expuesto en este texto solo expresa una posible interpretación y no una verdad manifiesta de las estrategias utilizadas por López Obrador, tenemos los siguientes pasajes:

El célebre tema de la amnistía a la delincuencia: alarmante afirmación que, incluso, provocó que hasta varios seguidores del señor López dejaran en claro su rechazo a esta “propuesta” redentorista.

Por ejemplo, Javier Morlett Macho, integrante del Movimiento por la Paz y la Justicia (encabezado por Javier Sicilia; otro que se aventó senda carta abierta contra la misma “iniciativa del tabasqueño) dejó de lado toda sutiliza eufemística y le respondió al señor López sin pudor alguno: “¡a la chingada con tu amnistía!”, pues de acuerdo con el activista y participante en el diseño del Plan Alternativo de Nación, “es fácil pedir amnistía a secuestradores y asesinos, cuando la víctima no es alguien de tu familia”.

Pero más allá de la locura que representa la expresión por sí misma, regresamos a lo que nos truje en este texto: la manera en que este personaje atenúa su discurso real.

¿Es acaso la dichosa “amnistía” una forma de suavizar un posible pacto entre el señor López y la delincuencia? ¿Fue acaso eso un llamado al crimen para sentarse a negociar, disfrazando de retórica mal aplicada con un “perdón” mesiánico? Si así fuere ¡vaya “pactito” que se quiere aventar don Andrés! Con ése, hasta la vacilada del Pacto por México impulsado por nuestro Lord actual, se quedaría corto.

Y en relación con esto último, una de las críticas más fuertes que lanzó el señor López contra las fuerzas de izquierda fue, precisamente, haber contribuido con la privatización de Pemex a través de la Reforma Energética (ninguneando que el partido que lo cobijó en dos de sus tres intentos presidenciales, el PRD, rechazó dicha Reforma con 95 votos en contra y cero a favor).

De ahí que su más reciente eufemismo preocupe todavía más: durante una gira por Yucatán, el señor López aseguró –mediante un video de Facebook- que “con el nuevo gobierno democrático, privatizar no será sinónimo de robar”. A ver, entonces ¿está diciendo que sí va a privatizar bienes del país, pero “de otra forma” que no implique “robar” como él lo entiende? ¡Me lleva!


SUI GENERIS

Y a la costumbre eufemística del venerado Señor López se agregan otros importantes aspectos asimilados a utopías, que han dotado a éste de un poder wannabe frente a una población mexicana sumamente dañada por las decisiones políticas de quienes actualmente ostentan el poder
en la Federación.

Entre el ofrecimiento de becas a “ninis” para mantener su inactividad a costa del erario público (consciente de que más del 30 por ciento del electorado para 2018 serán jóvenes y nuevos votantes) o la promesa de crear dos nuevas refinerías, en ambos casos, sin decir de dónde va a salir el dinero para ello; la estrategia de López Obrador pareciera que es ganar o ganar; satisfacer una meta  o propósito personal vendiendo, como coloquialmente se dice, “espejitos” cimentados en la ignominia.

Pero como todo lo dicho en este panfleto es una mera suposición, tendremos que esperar un poco más para corroborar.


POST-IT: A partir de aquí, se reciben con gusto los insultos habituales de la afición Morena (y no, no estoy siendo eufemístico).