miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Fin del monopolio partidocrático?

Miguel Ángel Gómez Polanco

El 18 de julio del año 2012 sentó un importante precedente democrático en México, que si bien resulta engañoso por el limitado abanico de oportunidades que representa en la actualidad, pone a la sociedad mexicana en un plano de alternativa política que recientemente tuvo antecedentes cuya naturaleza aspiracional, podría  derivar en una organización nunca antes vista electoralmente: la Reforma Política era avalada por la Cámara de Diputados y entraría en período de revisión en el Senado.
            Un año más tarde y ya cocinada la elección presidencial en la que Enrique Peña Nieto y el PRI enfrentaron la dura conciencia colectiva, cada vez más madura y representativa en el entorno electoral; dicha revisión ha concluido en la aprobación de las candidaturas independientes por parte del Senado de la República, el pasado 22 de agosto, mediante la modificación del Artículo 116 de la Constitución Mexicana (transformando su inciso “E” y, con ello, la “exclusividad de registro” de los partidos políticos para con los candidatos en contienda) y de conformidad con lo expresado en otro de éstos, el 35, donde desde la Reforma Política del año 2011 se establecían las candidaturas independientes, pero no se especificaba el marco en que podían presentarse.
            Así pues, todo queda de la siguiente manera: (Las constituciones y las leyes de los estados en materia electoral garantizarán que) se fijen las bases y requisitos para que en las elecciones los ciudadanos soliciten su registro como candidatos para poder ser votados en forma independiente a todos los cargos de elección popular, en los términos del artículo 35 de esta Constitución.
            Sin embargo, este paso trascendental en la vida política de nuestro país, al parecer y como he mencionado, quizás se presente en un momento poco idóneo, debido a que la coyuntura estructural por la que trasiega la nación, va en otro orden de ideas acaparan el interés, consignas, acuerdos y desacuerdos.
Entre energéticas, educativas y hacendarias, las expresiones dan forma a un contexto todavía lejano del que, diría mi abuelo, “es el meollo del asunto”, si consideramos que el parte aguas de todo esto es precisamente la elección de quienes nos gobiernan.
            Como es sabido, próximamente habrá también cambios constitucionales en el tema electoral, cuya finalidad será -por lo menos en teoría- atar los cabos sueltos de un Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales mocho, con graves vicios (sobre todo en las directrices de fiscalización y transparencia por parte de las instituciones políticas que hasta la fecha siguen aprovechando para su beneficio) y, desde luego, la centralización de las funciones comiciales, eliminando a los órganos locales para crear el Instituto Nacional de Elecciones, conservando su autonomía.
La pregunta es: ¿realmente está preparada la sociedad para ejercer a plenitud su derecho de “votar y ser votado”? o ¿contará con los recursos necesarios, económicos y hasta emocionales (por aquello de la confianza), para lanzarse a “la guerra por el sufragio” y enfrentar los trucos, las estrategias sistemáticas y la tradición corruptible de los procesos por el poder, como una elección; ya sea local o federal?


SUI GENERIS

Seguramente el Candigato Morris, el Burro Chon y cuanto invento subversivo y de pedante insurgencia saltarán de la alegría con esta aprobación ¿y sabe qué? No sabe cuánto me preocupa.
La información de este tipo es manejada ya ni siquiera a conveniencia, sino con completa superficialidad mediática, incluso tratándose de modificaciones constitucionales que otorgan o maximizan los derechos con los que contamos con nuestra simple ciudadanía.
            La responsabilidad está en la sociedad para conocer los términos en los que reposa la calidad cuantitativa de una supresión aplicada al inciso “E” del Artículo 116 Constitucional y dejar de lado el aspecto cualitativo que desde el año 2011 existía pero no había sido explorado, pues a partir de ahora ya cuentan los nombres y las veces que sean votados. Ya no será sólo un “espacio en blanco” para apuntar por quién emitimos nuestro sufragio; podremos registrar a quien más nos convenga y apoyarla o apoyarlo.

            Un cambio de este tipo requiere de quien le pertenece; la ciudadanía, instituciones y quien lo regula. Llevará tiempo, por ello es de suma importancia saber más y dejar, de una vez por todas, la tradición latinoamericana del “no sé, no puedo” y convertirlo en un “ya sé y me cumples”, como dijeran por ahí, “con los pelos de la burra en la mano”.




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miércoles, 21 de agosto de 2013

#ReformaEnergéticaSí, pero...

Miguel Ángel Gómez Polanco

En aquella ocasión, desempleado, buscaba oportunidad casi en lo que fuera –y sí, “casi”; para no echar a perder la opción y, con ello, el negocio de quien me contratara, por no saber, como dicen, “a qué le tiraba” -. Un buen amigo me dijo: “manda tus papales a la dirección que te daré y te entrevistarán. Hay gente de Pemex contratando eventuales”. No se lo creía. y contesté, con espasmo: “Pero yo de la industria petrolera sé lo que algunos políticos de gobernar ¿no importa?” a lo que mi entrañable compañero –quien por cierto, ya trabaja ahí y es médico- me contestó: “no hay problema, no importa”.
            En ese momento confirmé mis incipientes sospechas: a Pemex le vale un carajo la profesionalización de sus empleados; sindicalizados o no.
            Fue entonces cuando me dediqué a perder el tiempo de manera más productiva e indagué los términos en que trabajan los “privilegiados”, como muchos los llaman, centrándome en el insufrible régimen que desde 1996 comenzó, cuando Carlos Romero Deschamps sustituyó a Sebastián Guzmán en la dirigencia del sindicato más corrupto y corruptible de México y que, junto con el SNTE y derivados, tienen a dos de los temas imperantes en el país al borde del colapso. Ahí le va por qué:
El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana cuenta con poco más de 150 mil empleados, quienes a nivel gremial reciben la nada despreciable cifra de 65 mil dólares al día por conceptos de producción. Estos se suman a los jubilados y de confianza, para dar un total de 208 mil 162 personas.
            Además, dentro de su estructura destinan cerca de 136 millones de pesos para varias de sus “necesidades”, como “ayuda” para gastos por los festejos del Desfile del 1ero de Mayo y el Aniversario de la Expropiación Petrolera, así como costos de contratación, digamos, “exigidos”, por el Contrato Colectivo de Trabajo que a su vez, representa la absorción de aproximadamente el seis por ciento de los ingresos totales de Petróleos Mexicanos.
            Una vez aterrizada la idea, me permito mencionar que me negué rotundamente a trabajar en Pemex o siquiera mandar mis documentos; eso sí, agradeciendo a mi amigo por el ofrecimiento. La razón era sencilla: trabajando ahí ¿cómo reclamar el ultraje a una supuesta soberanía que de 1938 se ha visto prostituida por intereses muy particulares?
            La situación de una paraestatal que, como bien lo señala el rotativo inglés The Economist, “no es vista como una empresa con fines de lucro”, sino como un cochinito de ahorros sin fondo (sic), debe someterse a la revisión y consenso sociopolítico para determinar qué es lo que realmente le hace falta; aunque una cosa sí es segura: reformarla constitucionalmente, no tiene que ver con ello.
            Es impermisible que con el ventajoso estatus que guarda un sindicato a  todas luces chueco, con una presencia tumultuaria en el Consejo de Administración que decide qué hacer con Pemex y sus dineros; donde de 15 representantes, una tercera parte les pertenezca (sólo uno menos que la representación del Ejecutivo, que tiene seis, entre los secretarios de Hacienda, Economía, Energía y tres subsecretarios), siga existiendo un grado de opacidad obsceno que ya roza los niveles constitucionales al querer reformar los artículos 27 y 28, absolviéndolos y, como dijera la activista Rocío Nahle García, entrevistada por Ángel Ramos Trujillo: “para dejar como legal todo lo ilegal que hacen ahora”.
            Tatito sentido común para entender que una de las petroleras más grandes del mundo, cuyo valor supera los 460.5 millones de dólares; deba comenzar por reinventarse administrativamente y limitar a un sindicato que más que eficiencia, representa votos y desvíos de recurso como aquel del “Pemex-gate” en el año 2000, protagonizado precisamente por Romero Deschamps.
            Tantito sentido común para entender que el petróleo en México dejó de ser “soberano” hace mucho tiempo y que lo que se debe defender es la manera en que se administra, con o sin inversión privada, pero que de haberla, reformar la Carta Magna dista del cometido si no existe una debida distribución de los ingresos y candados que tendrían quienes le inyecten dinero a una paraestatal que está del mismo color que el crudo: negra, negra.


SUI GENERIS

Otros gremios como el del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana manifiestan su descontento con la iniciativa de Reforma Energética propuesta por el Ejecutivo Nacional, aduciendo errores en las políticas de gobierno en el entorno energético.
            En un mensaje dirigido al presidente Enrique Peña Nieto, desglosan una numerología importante, similar a la que presenta Pemex y que a continuación intentaré simplificar: del cien por ciento de subsidios que otorga la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sólo aproximadamente el 40 por ciento es reintegrado a la Comisión Federal de Electricidad. De esto, se descuentan las pérdidas reportadas por el mismo ente, las cuales dejan una utilidad de la tercera parte para todo lo relacionado con infraestructura, capacitación y actividades de la Comisión.
            Si bien es cierto que este manejo también debe ser revisado, recordemos que es la Secretaría de Hacienda la que, como parte del Consejo de Administración de Pemex, retira casi el 50 por ciento de su ganancia, en lugar de elaborar esquemas de recaudación que colaboren con el fortalecimiento de la paraestatal y no desfalcarla junto con lo que se apropia el STPRM.
Es ahí donde toma sentido la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien en las 12 líneas de acción que plantea, promueve la separación (que bien pudiera ser, incluso, por lo menos una limitación) de dicho sindicato y la SHCP del Consejo de Administración, con la finalidad de que sean ellos la pieza clave para administrar los recursos tributaria y laboralmente con mayor transparencia. ¿Alcanzará?




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jueves, 20 de junio de 2013

Yo, partidócrata

Miguel Ángel Gómez Polanco

“Nos vamos perdiendo en nuestras propias creaciones. Las instituciones se han apoderado de las ideas, los debates. Han acabado con nuestras aspiraciones como sociedad”. ¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como esta? Tristemente, la cantaleta de siempre: los partidos, son los responsables de todo.
Así es, amiga y amigo lector: como si se tratara del regreso al feudalismo, en México –extrañamente- el pueblo trabaja para la clase política a través del voto y las transformaciones sociales que derivan de ello, dan lugar a nuevas ideas para la evasión legal, a cambio de una falsa representatividad, siempre vertical y pagando el precio del derecho a sufragar –          pero no de ser sufragado, pues siempre es la misma gente- a través del descontento, mesurado e intrascendente, expresado en formas que están lejanas a la legalidad que exige el propio reclamo y, por lo tanto, estériles y sin posibilidades de cohesionarse en un beneficio común, fuera de lo que las instituciones políticas representan por sí mismas.
Recordamos aquello de “poca política, mucha administración” como la máxima que destrozó el frágil civismo del ciudadano y dio prioridad al crecimiento económico. De ahí que se entienda a la mafufada denominada “neoliberalismo” como la unificación de ambos criterios, como si la frase acuñada en el Porfiriato cambiara a la de “Política a medias y a medio administrar”, permitiendo que el desenvolvimiento social se dé a la par del gubernamental, aunque por momentos sea con el único fin de que el pueblo se entretenga solo y no hacerlo partícipe de las decisiones, pero sí se enoje y haga berrinche, sin que ello tenga un impacto real en el destino de quienes controlan el país.
Para eso nacen los partidócratas o “hijos de las instituciones”; megalómanos que se toman tan en serio sus ideas sobre la influencia de los partidos políticos hasta en el aire que respiran y que todo lo que dicen, -medio- verosímil o no, la convierten en Ley y no hay poder humano que los haga cambiar de perspectiva, aunque a la larga sean solamente posturas caprichosas.
El partidócrata a menudo confunde “corporativismo” con “activismo” y se rebela contra algún comportamiento arraigado en aras de lo que piensa que es la democracia, con argumentos o sin ellos, dando como resultado que la concentración de la información de la que dispone, quede alejada de la opinión pública generalizada para fines no sólo de consulta, sino del fortalecimiento de los puntos de vista en común.
Los partidócratas se identifican por colores, no por ideales y quien no piense como ellos, que se cuide. Se segmentan entre los que dicen “sí” y los que dicen “no”, pero de nuevo: alejados de las instituciones que los alientan, las cuales son protegidas por un sistema creado ex profeso para ello y a las cuales los partidócratas tienen la “obligación” de atacar lo más que se pueda, “proponiendo” acciones desesperadas, ante la incredulidad en las instituciones, por la vía legal.
            Irónicamente, la partidocracia no puede ser concebida sin la existencia del más odiado impulsor de la democracia en nuestro país: el Partido Revolucionario Institucional, creado como tal en 1946, al mismo tiempo en que se dio la primera reforma a la Ley Federal Electoral que se basaba en la formalización de los partidos políticos en México.
Sí: ese PRI de las decadencias y resurgimientos, los pleitos y la discreción, reformador y deformador, que a finales del siglo XX y en lo que va del XXI, ha confirmado su mutación –más no evolución- de institución política cimentada en la promoción del desarrollo económico y social, al de la acumulación de riqueza para un feudo militarizado al que no importan los “cómos”, sino los “cuántos”; clientelar e incongruente, en la mayoría de los casos, entre lo que representa como institución política y lo que ofrecen aquellos a quienes abandera, muchos de éstos, talentos que terminan siendo desperdiciados ante un anti-priismo que cada vez aumenta más en México..
            Es por ello que resulta complicado no justificar a quienes lo aborrecen, aunque como dijera mi santa madre, “tampoco es para tanto”, pues justamente lo que se logró con la institucionalización de la democracia en México mediante el Partido Nacional Revolucionario  y los partidos políticos subsecuentes a mediados del siglo pasado, es lo que ahora también ha mutado –y tampoco evolucionado- en un fenómeno social caracterizado por el hartazgo, las modas y el desconocimiento; un falso caudillismo, insano y surreal como el que promueven ciertos sectores, de los que sobresalen el de las contracampañas disfrazadas, como #YoSoy132, o aquel que es una oda a la ignominia legal, otrora símbolo social y convertido en el ícono de la partidocracia extrema: el Candigato Morris.


SUI GENERIS
Tan grave es el problema de la partidocracia, que en estos momentos la situación electoral del “tricolor” está en vilo en varios de los municipios veracruzanos que tradicionalmente han sido gobernados por ellos, dificultando que la ciudadanía discierna entre partido y candidato, debido a funestos antecedentes recientes como institución gobernante.
            Ejemplo claro es Xalapa, donde Américo Zúñiga Martínez lucha contra la credibilidad perdida por el PRI que representó David Velasco Chedraui (hoy contendiente a la diputación con un predecible triunfo, soezmente comprado con la ayuda de la "hogareñamente" conocida y políticamente inerte “Gaby Zamudio”), así como por el trabajo de la mercenaria de la población vulnerable, Elízabeth Morales García.
En estos casos sería bueno recordar que la multicampeona de natación arrebató literalmente la candidatura a Zúñiga Martínez hace tres años de la forma más baja, colgándose además del poder de la estructura priista en la capital para satisfacer sus ambiciones municipales, poniendo en peligro un triunfo actual que, además de reivindicar a un indudablemente renovado y capaz Américo, daría al PRI una nueva oportunidad en la persona que lo representa, pero no como institución, pues el anti-priisimo difícilmente perdonará lo hecho hasta ahora por esos grupos que han encargado de desprestigiar a su propio partido.


Post-it 1: Recientemente se interpretó una declaración de la exconsejera del Instituto Federal Electoral, Daniela Griego, como si los votos por Morris “no fueran nulos” y se encontraran dentro de un marco legal-electoral.
            Consultando con compañeros abogados y especialistas en el tema, la conclusión fue la misma que he ha planteado: la desinformación está acabando con el poco sentido común de la gente.
            Quizás lo que Griego Ceballos quiso decir fue que la opción de “candidato no registrado” está considerada como una alternativa de voto legal, sin embargo, quien sea anotado en este espacio, debe cumplir con los requisitos constitucionales que dan sentido a la ciudadanía que goza de derechos político-electorales, como votar y ser votado para poder ser declarada o declarado ganador.
Hay que ser claros en esto: un animal no posee estos derechos, por lo que hacer válida la opción de “candidato no registrado” con Morris, tampoco significa que un gato pueda ser declarado como ganador legalmente, dándose la posibilidad de que los propios partidos políticos impugnen el resultado y ni siquiera se tenga que llegar a la anulación del proceso.
            Una de las vías legales posibles es que, posterior a la impugnación, se dé como ganador a quien resulte “segundo lugar legítimo”. Es decir: el “humano-ciudadano” que constitucionalmente sea apto para gobernar, esto, apegado a derecho y en Tribunales Electorales. La otra es que se haga válida la causal de nulidad al contar con el 20 por ciento de los votos nulos cuantificados, aunque dados los antecedentes que distinguen al Tribunal Electoral del Estado de Veracruz, difícilmente se daría esta opción.
            Pensémosle, pues, otra vez, si queremos dejar un precedente improvisado (de esos que en períodos en los que no hay elección, nunca se ven)  o mejor plantear un método más organizado de reclamo, perdurable y enriquecido haya elección o no.

Post-it 2: La partidocracia también afecta a los medios de comunicación. De hecho, mucha de la prostitución informativa que promueven –y presumen- los monopolios mediáticos en México, se debe al rasgadero de vestiduras de aquellas y aquellos comunicadores y periodistas que pregonan objetividad en sus actos y palabras, cuando “por debajo del agua” en realidad se trata de “atextinos a sueldo” y convenencieros de la democracia.
            Por ello, aclaro: quien suscribe autor de este panfleto, apuesta por la veracidad, no por una hipócrita imparcialidad. La ética no está peleada con los discursos cimentados en las preferencias que tenemos los analistas, periodistas, comunicadores, etcétera.
            Basta de partidocracia nociva, sugiero. Quien quiera apoyar a alguien; no importa si es priista, panista, perredista o del color que sea, que lo haga, pero si se dedica a los medios de la comunicación, que fundamente su apoyo, tal como se estila en sociedades más desarrolladas, como la norteamericana: allá sabemos perfectamente qué televisoras son republicanas y cuáles son demócratas; algo que no insisten en ocultar ninguna una de ellas, pero siempre exponiendo el por qué, como dicen, de “lo que les truje” o interesa difundir sobre la o las personas de las que hablan y escriben.
            En este escenario, la imparcialidad férrea no tiene por qué ser un requisito indispensable para colaborar con la sociedad, siempre y cuando lo que se haga, sea en completa civilidad y de forma propositiva, no para descalificar.

Post-it 3: Interesante punto de vista de John Ackerman en su texto “Comunicaciones privadas e independencia nacional” en torno a la utilización de las redes sociales. Ahí, el doctor en sociología e investigador titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, expone la ironía de las tecnologías de la información, la privacidad en éstas y la insufrible costumbre del mexicano de no organizarse de forma integral, sino sesgada y con altos grados de ignorancia respecto al proceso que debe seguir para alcanzar los objetivos que pretende.
Una prueba más de que "Morris" constituye otro ejemplo de que demasiado tiempo en la computadora, puede ser perjudicial, si lo que tenemos en "Favoritos" es Facebook y no el material necesario para fortalecer nuestro ojo crítico y a su vez, práctico y congruente con lo que "exigimos".
Comparto con ustedes el link por si desean consultarlo (ojalá que sí): http://soberaniapopularmx.blogspot.mx/2013/06/comunicaciones-privadas-e-independencia.html





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miércoles, 12 de junio de 2013

¡Un gato, madre!

Miguel Ángel Gómez Polanco

Vaya lío en el que se acaba de meter Juvenal; aquel que decía lo del “pan y el circo”. El asunto se invierte con el pueblo y la coyuntura político-electoral que vive nuestro país en estos momentos, una vez más da visos de transición; un cambio con fuerte contenido simbólico en sus expresiones que vuelve a lanzar la pregunta: ¿son avance o retroceso, las ideas que surgen de una ciudadanía maleada y harta, pero “creativa” y que hoy en día hace ver su suerte a la –innegablemente- anticuada clase política? Analicemos, pues, palabra por palabra:
            Maleada: existe una falsa tradición en nuestra cultura política, denominada “guerra sucia”, por lo que ya no es seguro afirmar que una expresión atípica en tiempos electorales no pertenece a una estrategia de ataque desde un búnker disfrazado.
            Hartazgo: es indudable que la gente, nosotros, estamos hasta el gorro de ver la insufrible rotación de personajes en puestos de elección popular, como en la ocasión histórica que vive el estado de Veracruz en estos momentos, en la que casi el 65 por ciento de funcionarios de todos los partidos y en los 212 municipios de la entidad, dejaron inconclusas las labores –que por mandato constitucional recibieron la encomienda de cumplir- para ir a buscar otro “huesito”, y con ello, fortalecer los sistemas y estructuras de sus respectivas instituciones políticas, (pero no a sus distritos y municipios)
            “Creatividad”: la sociedad es quien elige, pero ¿aunque sea por encima de la legalidad? Porque el candigato Morris es eso: una gran idea… para un pueblo desesperado, pero también desinformado. Sus anuncios, por mencionar algo, dicen "2014-2017", cuando el período para las alcaldías ha aumentado a cuatro años a partir de esta elección, quedando -constitucionalmente- el período como 2014-2018. ¿Alguien lo notó? O bueno: ¿alguien de los "Morris fans" sabía de esta modificación?
            Pero lo realmente llamativo es que esta surreal percepción electoral y desconfianza en las instituciones, ha causado un efecto preocupante en cuanto hace a la distinción de las opciones que nos ofrece el voto.
            Por ejemplo, olvidamos que detrás de Morris están dos seres humanos, Daniel Cruz y Sergio Chamorro, quienes lo único que hicieron fue transportar una opinión personal (al parecer, bien estudiada e identificada con la sociedad) a una modalidad de expresión que no es creativa ni coherente legalmente, pero sí nueva para México.
     Estados Unidos, Canadá y España son los más recientes casos donde se han “candidateado” animales, con el mismo contexto de inconformidad e intrascendencia político-social, que no sea la de un simbolismo momentáneo que se estanca y poco o nada influye en el comportamiento y/o beneficios respecto a la sociedad, como es el caso de “Stubbs”, el gato “alcalde” de Talkeetna, Alaska que lleva en el cargo casi 15 años (de forma emérita, claro) y el pueblo sigue igual.
Y entonces llegamos al “meollo” del asunto: si la idea –copiada de los métodos de inconformidad con arraigo, principalmente, en los Estados Unidos- se adapta a un sistema electoral mucho más avanzado que el del país norteamericano, como lo es el nuestro ¿cuál es, entonces, el avance que ofrece éste?
Ya en Ciudad Juárez han copiado el “modelito” con el no tan célebre candidato a la alcaldía del municipio chihuahuense: el Burro “Chon”. Luego entonces: ¿ha aceptado el mexicano que su naturaleza es de modas, más no de soluciones integrales basadas en la participación ciudadana? ¿Por qué animales y no personas emergidas del mismo pueblo inconforme, con posibilidades reales, legales?

SUI GENERIS
Hay que pensarlo, decirlo y aceptarlo: votar por Morris sí es un voto nulo, pues sólo el ser humano como tal, está reconocido constitucionalmente para votar y ser votado, como parte de sus garantías individuales y derechos político-electorales (a menos que documentos de referencia universal como la Declaración de los Derecho del Hombre mientan).
            Por ello es que ambas caras de la moneda son verdaderamente alarmantes. Por un lado, el hartazgo manifestado a través de modalidades inconstitucionales, debieran ocupar a los políticos en aprovechar esta participación ciudadana, carente de indiferencia y -por el contrario- representativa de una buena parte de la sociedad, para aumentar el contacto y compromisos (cumplidos) con ésta.
            Y del otro lado, la situación se hubiera tornado más interesante, si esta postura de hartazgo se hubiera dado en la persona de alguien; quizás en los propios creadores del personaje del gato -pues son ellos los que dan "personalidad" al gato- pero que se hiciera dentro del marco legal.
            ¿Qué no lo que “peleamos” y por lo que estamos “disgustados” es por la ilegalidad con la que se manejan los políticos? ¿qué no anular el voto significa darle “uno más” a la candidata o candidato que lleve la delantera en las preferencias y subsecuentes conteos?
            El ejemplo comienza por uno mismo, decía mi santa madre… ¡¿pero ahora es un gato, madre, el que pone el “ejemplo”?!
          
Post it 1: Morris forza un cambio en el discurso del político tradicional; sencillo, pero absolutamente cierto: el que promete primero y demás, pierde después. Prueba: el deplorable legado de gobierno que deja Elízabeth Morales García a su partido; aquel al que se metió muy a la mala, ofreciendo a la población vulnerable como moneda de cambio y que tiene al electorado tan molesto.
Sin embargo, debo apuntar otro acierto al único candidato para la alcaldía de Xalapa cuya postura se ha caracterizado por el respeto a los adversarios y una curiosa sinceridad en sus declaraciones (de esas a las que no estamos acostumbrados apreciar en la clase política en general): Américo Zúñiga.
            Y es que en una entrevista radiofónica que recientemente le realizaron al exdiputado, al preguntarle sobre cómo solucionaría el problema del tráfico de la capital veracruzana, Zúñiga Martínez contestó con admirable honestidad: “para empezar, no puedo prometer algo así. Nuestro problema es de movilidad y lo que sí puedo decir es que vamos a enfocar nuestros esfuerzos en aminorar el tráfico y mejorar la vialidad, con medidas inteligentes, bien pensadas”.
            Amiga y amigo lector: razonemos bien nuestro voto. Un buen consejo para ello es pensar como demócratas, no partidócratas, pues hay veces que por increíble que parezca, la persona no representa precisamente el perfil de la institución que lo abandera. Mientras tanto, “palomita” para Américo.

Post it 2: La fe de erratas por el texto anterior, titulado “Supositorios políticos” es la siguiente: el dueño de los Tiburones Rojos es Fidel Kuri Grajales, no “Pepe Kuri”. No obstante, a éste último, gran personaje de la música y el entretenimiento de Xalapa; envío un afectuoso saludo y disculpas por la enorme tarea que le “adjudiqué” debido a una falta de concentración.

Asimismo, una disculpa a ustedes, amables lectores de Vía Crítica; procuraré que mi preocupación por los escualos y su raquítico refuerzo “de primera”, no vuelvan a provocar una aberración informativa como la aquí corregida.





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martes, 28 de mayo de 2013

Supositorios políticos

Miguel Ángel Gómez Polanco

Veracruz se ha convertido en un dolor de cabeza para el Gobierno Federal. Las elecciones federales pasadas, perdidas; el Sedesol-gate, "visitas incómodas" e inclusión de panistas de arrabal, y un PRD envuelto en polémica; resquebrajado y descaradamente infiltrado.
Incluso, a tal grado a llegado la situación, que las disputas en el orden reformador han pasado de lo lógico a lo inverosímil y visiblemente frustrado, como sucedió en la reciente visita de integrantes de la Comisión Especial de Seguimiento a Procesos Electorales del Senado de la República al Instituto Electoral Veracruzano (IEV), como parte de sus actividades en la Cámara Alta y, además, en vías de fortalecer los lineamientos de los 30 ejes en los que consistirá el planteamiento de reforma político-electoral que presentará la oposición, a la par de lo que derive de la mesa instalada el pasado 27 de mayo por el Consejo Rector del “Pacto por México”.
Ahí, la vergüenza se hizo presente y se dejó en ridículo al IEV, que pese a vejaciones, difamaciones y guerra sucia, ha sido salido a flote con muchos esfuerzos, gracias a la labor de la maestra Carolina Viveros García, quien en este momentos enfrenta una de sus más fuertes batallas contra los oportunistas del poder que quieren verla fuera del órgano electoral, para ver consumadas sus consoladas aspiraciones de relevarla.
Pero es un hecho que tanto el “Pacto por México” (Acuerdo número 5.3) como la contrapropuesta de la oposición en el Senado (Punto número 11), contemplan la eliminación de los órganos electorales locales y, por ende, desaparecería el IEV para volverse una delegación del hasta ahora conocido como “Instituto Nacional de Elecciones” (I).
No obstante,  fue tanto el coraje de los “interesados” en el tema y el intercambio con los Senadores, que después de alabar y hasta tomarse la foto con ellos, al día siguiente la explosión de impotencia no se hizo esperar, al revelarse la coincidencia entre ambos planteamientos de reforma; calificándolos como reacciones “inmadureces e imprudencias” y a su presidente, el Senador panista José María Martínez Martínez, como “político inexperto” por sugerir modificaciones en el órgano que implicarían ver truncada la ambición algunos que sueñan con la presidencia del IEV.
¿Olvidamos que el Poder Legislativo está facultado para emitir las observaciones y los señalamientos que sean necesarios en torno a las tareas que competan a la comisión correspondiente?
Pero amiga y amigo lector, hay algo todavía peor: parece que aún hay quienes dan poca importancia al hecho de que todo lo relacionado con la “herencia maldita” en Veracruz, así como aquellos que se empeñan en hacer uso de ella sin pelar al presidente, tendrían sus días contados en los puestos que actualmente ostentan, ya que, como siguiente punto en este sesudo panfleto: al parecer, hay una misión que debe cumplir el PRI de Peña Nieto (II), pero que estará sujeta a los resultados de la elección venidera, como última oportunidad al priismo veracruzano para reivindicarse ante el presidente (por la buena): la “limpia” de la fidelidad.
Esta situación se ve reflejada en diversos acontecimientos que han tenido lugar en la entidad veracruzana, de los que sobresale el rumor que incluso el periodista Ricardo Alemán se dio tiempo para destacar el pasado jueves 23 en su texto “Itinerario Político”: Javier Duarte de Ochoa pronto estaría sucediendo a Humberto Benítez Treviño (padre de la “Lady Profeco”) en la Procuraduría Federal del Consumidor, a causa del peligro que ve la Federación en su accidentada –y pésimamente asesorada- gestión al frente del estado.
En este sentido, hay gente cercana a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público federal (SHCP) que encabeza Luis Videgaray Caso,  que asegura saber cuál sería el “dúo dinámico” que saldría al rescate de Veracruz. Se trata de legisladores que además de contar con todo el respaldo de Enrique Peña Nieto, han hecho suyas las políticas de gobierno que el mexiquense sigue poniendo en marcha por todo el país y que darían a la administración emergente del estado, una mayor certidumbre en relación al modelo que se encuentra en vías de concretarse mediante la cohesión de las reformas estructurales que llevan a cabo los poderes Legislativo y Federal.
Estas alternativas –ambas surgidas del Senado- Yegarían: uno para cubrir el interinato (a través de una reforma fast track en la Constitución de Veracruz), y otro para perfilarse con la candidatura del PRI en lo concerniente a la renovación de la gubernatura en el año 2016 (¿Notó la “pista”? No, no es una falta de ortografía).


Sui Generis

(I)
Cabe destacar que la opción de crear el Instituto Nacional de Elecciones se presenta como una excelente medida si se piensa en la simplificación de los procesos electorales en busca de una democracia mucha más plena de la que goza México en estos momentos, incluso sin atentar contra el Federalismo –como lo plantean algunas voces- pues evita la manipulación y el corporativismo en elecciones, inducidos por los gobiernos locales, pero respetando las garantías atribuidas a cada uno de ellos.
Eso sí: siempre y cuando no intervenga la Secretaría de Gobierno, pues de lo contrario de echarían abajo los esfuerzos que llevaron en 1994 (al 96) a separar dicha dependencia federal de los comicios, con el propósito de garantizar la equidad, dando como resultado que casi de inmediato se diera la anhelada alternancia con el PAN ganando en la siguiente elección.

(II)
Una extraña virtud del priismo que representa el presidente es que, a diferencia de otras instituciones políticas, éste no permite la formación de "varios PRI's", tribus o grupos, y ejerce una especie de absolutismo pero “fraterno”, para evitar ese divisionismo que entorpece las labores de cada instancia política.
Y con justa razón: al PRI le costó mucho trabajo regresar al poder, por lo que no perdonarán más errores provocados por una verdadera inexperiencia -no como la que pregonan aquellos que padecen diarrea verbal-.
El PRI veracruzano tendrá una última oportunidad, pero si no lo logran, quedarán tres años en los que la artillería peñanietista, sin dudarlo, compondrá el barco y logrará el control de norte a sur.
Por esta razón, con diputación plurinominal o sin ella (dato no confirmado hasta el cierre de este texto) Fidel Herrera quedaría a la expectativa de refugiarse en el exilio como embajador (estilo Beatriz Paredes) o a la congelación tras la celda (estilo Elba Esther), haciendo válida aquella máxima de que en México "más vale olvido, que fuero forzado", considerando que sigue latente la posibilidad de que corra con la misma suerte que el ex mandatario tabasqueño, Andrés Granier (por lo menos en lo que a proceso se refiere) y similar, también, a la situación que envuelve a su homólogo morelense, Marco Adame Castillo, quien tendría que rendir cuentas por un presunto desvío de recursos, en el orden de los 942 millones de pesos.


Pero recuerde, estimada y estimado lector: todo lo aquí expuesto es mero supositorio, aunque parezca petardo en... “allá donde les conté”.


Post-it 1: Desde una visión personal, la civilidad no se debe “pactar”. Las características cívicas que dan forma a la ciudadanía, son preferentemente derivadas de la educación que recibimos en nuestras casas, para dar origen a la civilidad. Es por ello que el demagógico intento de generar empatía con las políticas del presidente por parte del gobierno actual de Veracruz, denominado “Pacto por Veracruz”, era totalmente innecesario.
Y de ello deriva el reconocimiento a quien no ha tenido que pactar -propiamente-, para comportarse con absoluta civilidad: Américo Zúñiga Martínez. Sin atacar ni responder, dedicándose a lo suyo y a la campaña que inició hace cuatro años y le fue arrebatada por otra oportunista -que para colmo le deja un triste legado de ineficiencia-; Américo se enfoca en lo que le “truje”. Bien por él.


Post-it 2: Los Tiburones Rojos de Veracruz regresan al máximo circuito del futbol mexicano y lo hacen con Pepe Yunes Zorrilla vinculado a Fidel Kuri; éste último, propietario del equipo. ¿Hay quien duda que es el PRI de Peña Nieto el que ya está empezando a “laborar” en Veracruz? Y eso, por increíble que parezca, debe ser motivo de tranquilidad. Créanme.





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